LA TRISTE VIDA DEL ALEGRE RASQUITIN

En todas las lúgubres tabernas de Muy Muy Lejano, en los corrillos de vagos y maleantes, hace poco solo se oía una triste historia. Por mucho que ya aburriera, no callaban ni borrachos. Y es que el noble Rasquitin dejó una huella muy grande en el populacho.

La caída en desgracia de Rasquitin fue anunciada por todas las revistas del corazón del momento. Las fotos de cómo rascaba el culo al Rey Shrek circularon por ciénagas, palacios y casitas de caramelo. Y si hubiera sido rascando o palpando el trasero a una cortesana o bella damisela, podía haber sido adorado, pero nadie perdonó su mal gusto. De ser un rico noble, paso a ser repudiado por su padre Rascatan, que dándole un mendrugo de pan rancio y una botella de vino le mostró la puerta a la calle.

Fue a pedir asilo a casa de su prometida Picorcin, pero la madre de esta, picada por la rascante ofensa de Rasquitin, lo mandó a donde gato perdió el chapeo. Nadie quería a Rasquitin

Después de vaguear un buen mes, se dio cuenta de que tenia que humillarse y venderse. O sea, decidió buscar trabajo. Fue a casa del señor Scruggle a pedir puesto como banquero, pero le repudiaron por tener escrúpulos y conceder un préstamo a Caperucita para comprarse una caperuza verde musgo. Se trato de colocar como concejal de urbanismo, pero al no aceptar sobornos, fue expulsado sin remedio.

Dejo pues de buscar trabajos de gran status y se apunto al INEM. Y le ofrecieron un puesto en la cadena de restaurantes Burro King, el restaurante oficial de Asno. Y allí descubrió su verdadero talento.

Servia las burroburgers con destreza, cocinaba delicias hasta con los pies, y todo le iba bien. Pero un día los tres cerditos acudieron allí, tras construir un nuevo centro comercial en terreno de cultivo, para celebrarlo. Y pidieron tres coca colas.

Al cerdito tonto se le cayó una, atascando medio pasillo. Rasquitin decidió salir a limpiarlo con la fregona de pelos de dragón.  Y el cerdito trabajador, comprendiendo su sufrimiento, decidió despejar la mesa, pero en el traslado se le cayo, en el otro pasillo, una segunda coca cola. Y Rasquitin empezó a indignarse.

 Pero la palma fue la del cerdito torpe, que con el tercer vaso de coca cola, uno XXL, se resbalo en uno de los charcos y, como no, volcó la jarra. A eso no pudo resistirse Rasquitin, que agarrando a los tres cerdos, los obligo a limpiarlo todo.

Y no hay mayor ofensa para un cerdo que ser obligado a limpiar. Ellos se callaron, apechugaron, pero luego, negaron a Asno abrir un restaurante en su nueva gran superficie. Y Asno, molesto, lo despidió sin pagarle las horas extra.

De esta manera el amigo Rasquitin perdió su trabajo y las ganas de trabajar. La sangre de noble corría sin carné por sus venas, y eso le hacia descreer en lograr recuperar a su amada con un trabajo.

 Por tanto, se dedicó a la mendicidad. Vivía de los demás sin dar ni golpe. Se instalo en una cueva cercana a la ciudad y todos los días acudía a una de las muchas plazas de Muy Muy Lejano a tocar la armónica. Tocaba tan bien que le llenaban los bolsillos de monedas. Y con ese dinero, descubrió el mundo de los licores baratos, y por ende, su afición al pirripipi.

Muchos mendigos, encantados de tener un nuevo miembro en su comunidad, lo apoyaron. Celebraban fiestas en la cueva de Rasquitin, cada uno con lo que podía llevar, y Rasquitin ponía los licores. Pero el éxito con la armónica hizo que Rasquitin fuera un rico entre los pobres y un pobre entre los ricos, y por ello, los mendigos dejaron de darle apoyo. Ya nadie acudía a sus fiestas, y por tanto, tenia que beberse los licores él solo.

Tocar la armónica con unas botellas de más es muy difícil, y por eso la gente rehuía de Rasquitin, cuya sinfonía se parecía ahora a la matanza de un cerdo. Y arruinado de nuevo y sin amigos, Rasquitin dijo: se acabó. Se marcho de su cueva y empezó a recorrer todos los caminos del reino, con sus botellas sacadas de lo que podía lograr llorándole a las ancianas.

Un día estaba paseando por el camino tranquilamente y se encontró con  un extraño ser, que medio borracho medio cantando se le presentó.

- Oh, jovenzuelo.  Soy Mamarrachi Legarda. Pero todo el mundo me conoce como el genio de la botella, por mi tremenda afición a la botella y porque si me invitas a un trago de esa que llevas en tu mano tendré que concederte tres deseos. Los que tú quieras. Pero si no me invitas a uno de esos traguitos tan deliciosos de tan delicioso néctar, estaré día y noche insultándote por los caminos para mofa y escarnio de la sociedad.

Rasquitin sopesó las dos opciones. Miró su botella y miró al ser que parecía un auténtico vagabundo con sus barbas largas y desaliñadas. Y dijo muy serio:

- Señor vagabundo, mil perdones, pero prefiero que me insulte que a tener que darle mi licor. Es un Oporto del 68 que me costó mucho comprar.

Al tal Legarda se le iluminaron los ojitos de borracho. Y con ansias voraces agarró la botella y se la ventiló entera, para horror de nuestro héroe.

- Hic. Buena cosecha fue esta. Gracias por invitarme de tan buena voluntad. Ahora puedes pedir lo que quieras, pero no voy a darte alcohol, no te daré mujer con la que casarte, ni fortuna. Si pudiera dar esas cosas, no estaría aquí.

 - Ya que me has quitado parte de lo que más quería en el mundo, es hora de vengarme de todos los que antes que tú me hicieron daño. Mi primer deseo es que los tres cerditos se vuelvan limpios, mi segundo deseo es que al malvado  ogro Shrek le salgan sarpullidos en todo su noble trasero, y el tercero, que yo recupere la posición que tenía antes.

Y de esta manera se cumplieron sus deseos. Con algunos pequeños fallos, pero se cumplieron. Rasquitin fue de nuevo acogido por su familia, recuperó su prestigio y se acabó casando con Picorcin, haciendo una pareja perfecta y teniendo un hijo al que llamaron Rastrillo. El ogro Shrek se volvió de manera misteriosa limpio, y los tres cerditos sufrieron durante toda su vida de unos extraños sarpullidos.

Y ya sabéis, niños. Tocar culos de ogros no es bueno. El resto de culos son palpables, pero los de ogro no.

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