Para que luego digáis que no soy moderno. Voy a todos los conciertos de Mozart a pedirle que me firme los LP, envío misivas al rey Sol halagándole, acudo a las manifestaciones que piden el voto para las mujeres y me lo paso pipa viendo el NODO. Y como soy tan moderno, pues he sucumbido a la tentación de hacerme eso que los jóvenes llaman Tuenti.
Recibí la invitación para formar parte de esa secta de IBB, que al parecer es un genio con eso de las redes de pesca por Internet. Al principio tenía mis dudas, ya que tengo muchos enemigos que podrían usar Tuenti para insultarme, y cuando me di cuenta de que yo también podría insultarlos, no dudé en inscribirme.
Desde ese momento se me abrieron las puertas a un mundo de fantasía e ilusión. Aunque mi primera sensación fue de soledad. Solo tenía un amigo, IBB, y encima no respondía a los insultos que dejaba en su tablón.
Pero pronto descubrí cómo se puede buscar amigos. Lo primero que hice fue buscar la palabra BAR, y entre miles de personas encontré cientos de bares de toda España, a los que pedí insistentemente que me aceptasen como amigo. Después llegó el turno a las discotecas y a las strippers y gogos, con lo que conseguí un nutritivo grupo de amigos del alma. Hasta encontré al PSOE.
Se debió decorrer la voz de que yo estaba por allí, porque a la siguiente vez que entré más de seiscientas personas querían ser mis amigos. Tuve que hacer una criba en la que ganaban los escotes pronunciados y los tios/as con vasos de alcohol en la mano. Al resto los desestimé.
La cosa siguió así durante días, hasta que Tuenti me avisó de que había superado mi cupo de amigos. Era injusto, yo quería tener cuarenta millones de amigos. ¿Qué culpa tengo yo de tener una vida social tan agitada?
Pero por culpa de esos amigos empezaron a lloverme los problemas. Lo primero fue que me etiquetaban en fotos muy guarras, y claro, uno no es de pierda. El problema llegó cuando las vio mi mujer, que se cabreó tanto porque yo viese pornografía que me negó el saludo toda la tarde.
Después llego el tema de los eventos. Los primeros mil me parecieron graciosos, pero llegó un momento en el que me aburrí de tanto leer. Y encima me llegaron eventos del tipo: “aizzzz, que wapo eres, si enviaz ezte evento a todos tus contaztos esa persona a la que quieres te besara” o “muerte a los anti – Jonas”. Eso es el problema de aceptar a criajos de mierda, de edad comprendida entre catorce y dieciséis años.
Hablé de este problema con IBB, y me dijo que lo que tenía que hacer era denunciar a los que me los mandaban y creaban para que les quitasen su Tuenti. Al primero que denuncié fue a IBB, por etiquetarme en una foto de Amaia Montero, y luego fui evento por evento masacrando a los culpables.
Le cogí el gusto a eso de denunciar, y como además tenía tantas opciones, me lo pasé pipa acusando de insultos, pornografía, menores de edad, perfil falso… Creo que llegué a colapsar a los de Tuenti.
Y es que estaba tan entusiasmado con esto que busqué nombres al azar, y a los veinte primeros que me aparecían los denunciaba. Yo era feliz causando disgustos, pero claro, a toda mala acción le llega su recompens, esto, castigo.
Los de Tuenti, alarmados por el excesivo número de denuncias, se fijaron en mí, y me avisaron de que en 48 horas me cancelarían mi Tuenti. ¿La razón? No creían que existiese alguien llamado Mamarrachi Legarda.
Podía mandarles mi DNI para demostrarles que existo, pero hace unos meses lo perdí en una partida de mus. Así que me resigné a perder todo mi mundo virtual de cibervicios, y tras denunciarme a mi mismo me olvidé de Tuenti.
Eso sí, nada me impide hacerme de Facebook, Myspace o Hi5. Temblad, que llega Mamarrachi Legarda.
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