¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho yo para merecer esta desgracia? ¿Acaso no he sido siempre un borracho fiel a mi compañía de móvil? Nunca me cambié a pesar de los muchos intentos de personas como Rebecca. Entonces, ¿por qué me haces esto, Euskaltel?
Resulta que ayer estaba yo tan feliz presumiendo con unos amigos de ser de Euskaltel cuando me di cuenta de que mi móvil no funcionaba con esa compañía. Quedé en evidencia delante de ellos, pues al parecer mi nuevo operador es un tal Orange, que lo conocerán en su casa.
Yo he sido de Euskaltel desde que por el noventa y ocho me llegó a casa una oferta espectacular: un Alcatel One Touch por mil cincuenta pesetas. Fui a comprarlo con mis mil cincuenta pesetas en monedas de a uno y desde entonces él y yo hemos sido compañeros fieles, él con su tono vibrador y yo recargándolo todos los meses.
Y ahora me encuentro con que ya no pertenezco a mi compañía. Fui a una de sus tiendas más cabreado que el día en que no me sirvieron un cubata creyendo que yo era menor de edad. Grité a la chica de recepción que quién era ella para cambiarme de compañía, y tras conseguir que huyese llorando, me enfrenté a su jefe.
Éste fue amable, y me explicó que hace unos años una malvada compañía llamada Orange se fusionó con Amena, la filial de Euskaltel, y nos dieron de alta en su compañía a todos los clientes de Euskaltel. Podíamos negarnos a ello, pero entonces no nos darían el doble de recarga.
¿Por qué nadie me había explicado eso? Estaba tan cabreado que prendí fuego a la tienda. Y después llamé a mi nueva operadora no para que me extirpase la vesícula, sino para que me diese de baja de sus listas. Mis amenazas debieron de surtir efecto, en dos horas mi número no existía.
Pero claro, yo para mi vida necesito un móvil. ¿Cómo puedo si no insultar a personas que no conozco de nada, gastar bromas a los de SOS DEIAK o pedir que me manden alcohol a casa? Miré mi Alcatel, ahora inservible, y vi en el horizonte a un hombre sin pelo. Le acerté en el centro de la calva con él. Juas juas juas.
Después me senté frente a una estatua para conversar acerca de cuál compañía era la mejor para ahorrar y llamar sin parar, y qué móviles regalaban si te dabas de alta. La muy maleducada no me quiso responder, y yo, triste, me zambullí en un charco de mis propias lágrimas.
Y entonces me di cuenta de que hasta entonces mi compañía me había dado un gran servicio. Así que fui a una de sus tiendas y les expuse el problema.
- Vera, yo me he dado de baja de su compañía, Orange, porque pienso que son unos cabrones embusteros, pero claro, ahora tengo miedo de que las demás compañías sean más cabronas embusteras que ustedes, por lo que… ¿sería tan amable de darme de alta?
Pensé que se negaría, pero la chica, murmurando algo de locura irremediable, me enseñó las ofertas disponibles. Y como yo me conformo con lo más básico, me compré el más caro de todos aquellos móviles, sin saber ni siquiera la marca. Pero bueno, ya era feliz.
Orange estará contenta de ganar un cliente nuevo, pero mi mayor miedo es que cualquier día de esos me pasen sin yo saberlo a Euskaltel, compañía a la que odio por pasarme a esa mierda de compañía de Orange. Dios, ¿esto no es la rata que se muerde la cola?
(Este post es publicidad encubierta de la compañía de telefonía móvil Euskaltel, que me ha pagado una buena suma por mencionarla en mi Blog. Seguro que están orgullosos de mi trabajo).
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