La venganza es un plato que se sirve caliente con la esperanza de que el otro se queme al probarlo. Y yo soy un maestro en el noble arte de la vendetta italiana, por lo que un servidor maquinaba desde hace unos meses un plan maligno para derrotar a IBB al monopoly, y hace una semana se presentó la posibilidad de ponerlo en práctica.
El centro cívico del barrio de IBB acababa de traer un nuevo monopoly después de que el antiguo desapareciera misteriosamente entre mis harapos. Lo supe gracias a mi olfato, que detectó la frescura de los billetitos y los dados aún sin usar. Era la oportunidad de desvirgar a aquel monopoly con dos grandes jugadores, expertos estrategas y borrachos sin igual. Cuando se lo propuse a IBB, se le iluminaron los ojitos pensando que yo volvería a morder el polvo.
Iluso… Se nota que no sabe que yo aprendo de mis errores para cometerlos con más repercusiones la próxima vez. Y cuando me senté frente a aquel tablero, puse en práctica la nueva estrategia Legarda.
Mientras que IBB confiaba en su estrategia de siempre de poner casas en alquiler y hoteles (no se debe haber enterado de que hay crisis) yo apliqué la más pura lógica elemental, que es que en tiempos de pobreza la gente lo que más hace es beber e irse de putas. Por tanto, mi idea era montar tabernas con alcohol a mitad de precio y burdeles con grandes descuentos. ¿Por qué? Porque conozco a IBB y quería que cayese en mis casas.
Pero claro, IBB es un hombre de vicios muy caros, y no se atrevía a entrar en mis bares por si acaso le cobraba mucho. Entonces sucedió lo que le haría confiarse aún más, que fue caer en el parking y ganar miles de euros.
Ojo, ya tenía para vicios, y se fue derechito a mis casas mientras construía más y más sin licencia en un Madrid monopolistico gobernado por el PP. Derrochaba en exceso edificando y yo usé el truco etílico del jugador de dados, que es emborracharlos para que obedeciesen a mis propósitos. Y conseguí plantarme en el parking a ganar más de seis mil euros.
¿Qué hace un borracho como yo con capital? No, fundírselo en alcohol no. Y menos alquilar casas a IBB. Levanté un imperio de bares discotecas, y lo que es mejor, tenía las dos calles más caras, donde podría hacerme de oro cobrando los cubatas al doble.
También construí prostibulos dignos de las fiestas de Silvio Berlusconi, pero como IBB es tan mojigato no caía. Aún así, su paso por mis calles con triplete de bares hacía que mi caja se llenase, hasta tal punto que desesperado se sumió en un alcoholismo brutal que me benefició aún más.
La vendetta se consumaba, y cuando IBB ya estaba a punto de morir de coma etílico, pude comprar la última calle del tablero y poner un burdel en honor a Alberto (Aguilera, no otros). No me di cuenta de mi error hasta que con una sonrisa babeante de ron negrita IBB me dijo que el juego había acabado.
Aún no me debía nada, todavía tenía propiedades y no suplicaba. Porca miseria. Saqué mi cuadernito e hice las cuentas, constatando que el colchón que nos separaba era de apenas seis mil euros, una miseria comparado con lo que yo tenía pensado sacar.
Eso si, Mamarrachi Legarda ganó la partida, porque Mamarrachi Legarda es un borracho sabio. Con la satisfacción de ver por los suelos al señor Scroggle IBB, corrí al bar a invitar a todo el mundo a beber con mis ganancias.
¿Cuándo diantres aprenderé que el dinero del monopoly no es de curso legal? Al final fue IBB el que se descojonó viéndome fregar los vasos, pues apenas tenía calderilla para unas gotitas de beilys…
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