Sumatras´s rat

Resulta que ayer empecé a recibir unas llamadas extrañas de alguien que decía ser de telefónica pidiéndome que me cambiará de compañía. Por mucho que le decía que no, que yo era feliz mangandole la conexión del teléfono al vecino, él volvía a llamar una y otra vez, y llegue a tal desesperación que arranque el teléfono de cuajo y lo lancé por la ventana.

 

Sé que no debía hacerlo, sobre todo porque era un modelo antiguo que hoy día cuesta un pastón, ya que es modelo de coleccionista. Pero sobre todo, no debí haberlo hecho por qué ahora no tenía con qué llamar, ya que hace unos días, por accidente, ingerí mi teléfono móvil. Así que, no me quedó más remedio que bajará la calle, justo en la plazoleta que está debajo de mi casa, e ir a la cabina de teléfonos a hacer una llamada importante al vendedor de kebaps de la esquina. Tenía que hacerle un pedido y no me apetecía caminar.

 

Pero cuando abrí la puerta de la cabina, mi corazón empezó a latir a 100 al ver una imagen sobrenatural de esas que deberían de salir en el programa de Iker Jiménez. Era un ejemplar adulto de rata de Sumatra blanca, que me miraba con ojos fieros y enseñando los dientes. Subida encima del teléfono, parecía dispuesta a saltar encima de mí y despedazarme en cuestión de segundos.

 

He de decir que actúe como lo haría cualquier persona en mi situación, eche a correr desesperado y con los brazos en alto, suplicando que alguien matara al bicho.

 

Refugiado debajo de un banco, la vi salir de la cabina de teléfonos y buscarme con su olfato. Yo había oído historias, contadas por vagabundos de la zona, en las que un animal fiero se comían a sus compañeros sin tierra, y cuando les preguntaba que podía ser aquella bestia, sólo decían una cosa: rata de Sumatra. Así que comprendía que mi final estaba próximo, y no podía hacer nada por evitarlo.

 

De repente, me di cuenta de que debajo del banco, junto a mí, había otra cosa, más concretamente un beagle precioso y hermoso al que yo ya conocía de haberlo visto por el barrio y al que siempre suelo obsequiar con premios de la factoría Legarda, con alto contenido de alcohol. El animal me miro a los ojitos, y entonces comprendí que en él estaba mi salvación.

 

La lealtad de un beagle, sobre todo cuando ha probado el alcohol, es infinita. Aquel precioso cachorrin daría su vida por salvarme de las garras de la rata de Sumatra. Así que no lo dude, le di cinco premios, y corriendo saltó en dirección a aquella bestia blanca, atrapándolo por el lomo y mordiéndole con todas sus fuerzas. Mientras tanto, aquella rata de Sumatra lloraba y lloraba, y sus súplicas en forma de chillidos estridentes no hacían más que animar al beagle depredador a seguir con la cacería.

 

Yo por aquel entonces había subido a casa, a coger la escopeta del abuelo Mamarrachius para acabar con aquella rata sin que el pobre beagle tuviera que esforzarse demasiado. Bajé corriendo y disparé impactando sobre el cuerpo del roedor, a la vez que el perro cobraba su presa. Por algo dicen que esa raza es una perfecta cazadora.

 

En definitiva, que el beagle y yo nos merendamos a la rata de Sumatra. Estaba un poco correosa, pero sabía exactamente igual que el kebap que pretendía encargar cuando bajé a la calle. Mira por dónde, me había salido gratis y todo la broma.

Eso sí, me ha dolido tener que devolver el beagle a su asustado dueño, que creía que había desaparecido. El hombre hasta me ha obsequiado con un par de premios por devolverle sano y salvo su perro. Qué ricos.

1 Comentario(s)

  1. De película, definitivamente. Jejejeje. Definitivamente, los perros son los mejores amigos del hombre. Quedó demostrado una vez más.
    http://samirsaba.wordpress.com


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