Juicio contra la corrupción

Ayer se celebro el juicio contra los miembros del ayuntamiento de Licorera y sus secuaces los constructores. Yo tenia que testificar y contar con pelos y señales todo lo que había visto, y llevaba una lista con todas las cosas que Serafín Zubiri Artesa, alcalde de Licorera, había colgado en mi Blog. Solo con eso le pueden condenar a tres mil años de prisión, y a sus colegas con mil. No es mala vida para un pepero acostumbrado a vivir del dinero del estado.

 

También declararía IBB, que venia moreno de sus vacaciones en Arenales del Sol, y cuando nos encontramos, lo vi respirar aliviado porque Serafín no le volvería a acosar con intenciones de depredador sexual.

 

Trajeron a los condenados y los sentaron en el banquillo, protegidos por un cristal antibalas. El juez, conocido mío, inició la sesión y estuvo treinta minutos leyendo las acusaciones en contra de aquellos peperos que habían hecho de un pueblo tranquilo y honrado Sodoma y Andorra. Ellos mientras tanto jugaban al poker o fumaban habanos olvidándose de la ley anti tabaco. El juez, al llamarles la atención, fue groseramente insultado.

 

Después sacaron a Serafín al estrado, y le empezaron a preguntar si había hecho todo de lo que se le acusaba. No solo lo afirmo orgulloso, sino que aclaro otros muchos delitos que por falta de espacio no había colocado en mi Blog. Con eso, el juez, horrorizado, le pregunto por que lo había hecho, y su respuesta dejo helada a toda la sala.

 

“Soy un pepero, y en nuestros genes esta incluido el ser corruptos. Si conocen algún pepero honrado, es un traidor a su especie, un socialista que piensa en el pueblo y no en sí mismo. El PP debería erradicarlos a todos, fusilarlos como en los tiempos del generalísimo. Gentuza como Mamarrachi Legarda no merece disfrutar de una vida donde existan peperos”.

 

Al momento me llamaron a declarar y confirme todo lo que decían en contra de mis antiguos compañeros de corporación municipal, con lo que me salvaba de ser condenado junto a ellos. Yo, un honrado socialista, no merecía una condena cuando para ocupar ese puesto era coaccionado por el mismísimo José Maria Aznar.

 

Después llegó el turno a IBB, que apadrinado por el Tribunal del Olmo ejercía la acusación contra el ayuntamiento de Licorera por delitos en contra de la humanidad en la invasión de Campas del Librero, el posterior golpe de estado y como habían ejercido una presión injusta  sobre aquellos honrados campenses. Solo por eso la condena ascendía a dos mil años más.

 

El juez sabia lo que tenia que hacer, y cogiendo su martillo golpeo la cabeza de cada uno de los acusados para que le atendieran, que en esos momentos estaban bailando el Kaskachov.

Acto seguido leyó las condenas, tres mil años para todos menos para Serafín Zubiri Artesa, que gozaría de seis mil porque al juez le daba la gana. Además, les hizo dar todos sus bienes al ayuntamiento de Licorera, en el que ahora y por votación en unas elecciones sin coacción  ha ganado el PSOE, y escribir en prisión una carta a cada uno de los ciudadanos empadronados en Licorera pidiéndoles perdón, y que tendrían que hacerlas con un boli bic.

 

Esta sentencia demuestra que la corrupción del PP nunca queda impune, y que las malas acciones se pagan y no con la visa precisamente.

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