Con la Iglesia hemos topado

Cuando se enteró de mi boda con su hija, el padre de Kay amenazó con venir a amargarme la vida. Por suerte aún no ha venido a cumplir su amenaza, o eso quería creer yo, porque ayer se plantó en mi puerta.

 

Antes de ello se plantó en la de Txetxu, con su traje de cura, y llamó al timbre. Nada más abrir ese cretino que tengo por vecino, le arreó con la Biblia en la cabeza y le echó agua bendita por encima, mientras que llamaba a Kay para anunciarle que había llegado. Cuando ella abrió la puerta de nuestra casa para ir a recibirle, se quedó de piedra.

 

Txetxu todavía debe de estar pensando de dónde ha salido ese cura salvaje, y vosotros también querréis saberlo, así que os contaré su historia. Es un cura que se llama Ignacio Casanova, que nació en 1850 y que se conserva así de bien por su afición a estar con toda mujer a la que le eche el guante, a pesar de llevar la sotana. Por eso Kay, que es su hija, nació hace tantos años y es incluso más vieja que yo, aunque no se lo digáis a la cara, que se deprime.

 

Por suerte, Kay consiguió controlarle antes de que repitiera su bendición sobre mi triste calva, y ofreciéndole un buen vino que tenía reservado para ocasiones especiales, un Marqués de Legarda de 1900, logró apaciguar su rabia.

 

Resulta que ha tardado tanto en venir porque se fue hasta Las Vegas andando y en piragua ante la noticia de nuestra boda, porque pretendía pararla. Por el contrario, no pudo hacer nada y decidió volverse para ir a mi casa a partirme la cara.

 

Con suegros como éste, para qué quieres enemigos como Txetxu. Por lo menos, parece que después de ventilarse la botella de vino ya entraba en razón, porque me bendijo, me abrazó y me dio la absolución de mis pecados para pasar al más allá. Cualquiera le dice que yo no creo en su religión sino que creo en San Alcohol.

 

Bueno, eso no es todo, porque luego se puso a trastear en mi ordenador y cuando se dio cuenta de que soy un defensor del progreso y del Partido Socialista me maldijo en arameo, ya que al parecer es más conservador incluso que Fasciano Rajoy.

 

Cuando me alegro de que su hija no haya salido como él, pero eso no es todo, sino que para tener vigilado y que no comenta pecados se ha alquilado un piso justo encima del nuestro, y estoy completamente seguro de que habrá puesto aparatos de escucha para enterarse de todo lo que hacemos en mi casa. Es que, con eso de que al parecer tiene contactos con el servicio secreto Vaticano…

 

Aunque, mira quien va a hablar, que ya le ha puesto ojitos a la pobre vecina de al lado, una estudiante universitaria muy inocente que no ha encontrado todavía el amor, a pesar de estar cada día con un hombre o varios distintos. En fin, creo que más bien deberían vigilarle a él pecadillos de nada y dejar en paz a un pobre borracho que no se ha metido con nadie y que ha vivido para contarlo.

 

Dicho esto, sólo faltaría para completar el lío que mi santa madre, Antonia Legarda, se venga a visitarnos, porque entonces ya tendríamos el horror y el terror en casa. Aunque, teniendo en cuenta el castigo que Dios nos ha mandado ahora mismo, quién sabe si no querrá completar la faena. Y es que qué se puede esperar de un Dios que predica el ideal de los abstemios, y que reparte entre los fieles vino aguado.

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