Resacón del alcalde de Licorera La huerta licoreriana

Aunque ahora seamos una ciudad emergente en la que domina la construcción, no hemos olvidado que nuestros inicios fueron como un pueblo de mala muerte dedicado al cultivo. Vamos, que fuimos un Campas del librero cualquiera, con sus terrenitos para cultivar lechugas, puerros, y algún que otro patatal.

 

Y como la Unión Europea da muchas subvenciones a la gente que cultiva, hemos decidido que podemos seguir cultivando ciertas cosas para así cobrar mucho dinerito. Sobre todo porque con el precio al que se están poniendo las cosas, si lo vendemos en nuestras propias tiendas en vez de vendérselos a los minoristas, podemos enriquecernos aún más.

 

Pero ¿qué productos podían darnos mayor rentabilidad y mínimos gastos? Yo, Serafín Zubiri Artesa, alcalde de Licorera por el magnífico partido ultraderechista PP, pensé inmediatamente en emular a la enorme riqueza de los cultivos de los países sudamericanos. Y así de claro, en vez de puerros empecé a plantar porros, regué con mimo y esmero las plantitas del dinero, esas verdecitas que acostumbran a llamar con el nombre de la virgen, y luego empecé a triturar las amapolas para obtener su delicioso néctar.

 

Para ello, instalamos enormes invernaderos dedicados a ocultar nuestros magníficos cultivos, ya que como por ahora gobiernan los socialistas, están en contra nuestra y no nos dejan dedicarnos al cultivo de estas maravillas. Pero en fin, nosotros estábamos cultivando y vendiendo, sobre todo a la población estudiantil de Campas del librero, y los beneficios se amontonaban debajo de nuestros colchones.

 

Pero la mala suerte tenía que llegar, y es que una persona que vela por ese maldito barrio nuestro que es Campas del librero, mi querido, amado y adorado IBB, se puso a investigar de dónde procedía toda esta droga que estaba haciendo que los estudiantes sacarán malas notas. Y que injusta es la vida, que lo primero que hizo fue pensar que nuestro pueblo tenía algo que ver. Como si fuéramos la fuente de todo mal.

 

Lo teníamos por las calles dando vueltas, pero el mayor riesgo que corríamos era que intentaran hablar con el inspector de la Unión Europea que había venido a ver nuestros cultivos. A nosotros no nos importaba enseñarle nuestra droga, porque era un eurodiputado del PP que aceptaría sobornos, pero claro está, si alguien presentaba una denuncia nos la acabaría liando, porque no podría hacer la vista gorda.

 

Así que disimuladamente mandamos a Mamarrachi a emborrachar a IBB, y los dos se fueron de juerga alegremente por el pueblo. Porque Mamarrachi no tenía ni idea de lo que estamos haciendo los invernaderos, de hecho, él creía que seguíamos teniendo sus viñedos allí.

 

Y entonces sucedió la desgracia. Mamarrachi e IBB habían bebido tanto que estaban paseando por las afueras del pueblo, y Mamarrachi quería enseñarles lo gorditas que estaban sus uvas. Y cuando vio los invernaderos llenos de droga, en vez de sus queridos viñedos, no lo dudo dos veces y les prendió fuego.

 

Después de eso, todos los habitantes de nuestro pueblo han estado de colocon permanente durante una semana. A mí me ha dolido perder esa fuente de beneficios, pero no puedo culpar a IBB ni a mi concejal.

1 Comentario(s)

  1. jeje, ya me acuerdo ya de ese día, todavía me acuerdo que le dije a mi querido profe de dibujo que no podía ir a dibujar, y me fui a Licorera a ver que pasaba. A veces pienso que habría que blindar Campas en el limite con Licorera, porque siempre están haciendo la puñeta.


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