Hotel Calentón

Kay y yo habíamos logrado usando nuestras malas artes asistir como publico invitado para la gran final de Tu si que vales, y pensábamos pasárnoslo pipa viendo a Ángel Llacer, por favor que ya este como jurado fijo, hacer sus llaceradas en el escenario. Y también, por si acaso, había llevado un par de docenas de huevos para las actuaciones pésimas. Se iban a enterar de quien es Mamarrachi Legarda.

 

El caso es que nos alojamos ayer en el famoso hotel donde los miembros del jurado se alojan con todos los gastos pagados, el hotel Calderón. Y lo sabíamos porque Cesar Cadavall, cada vez que ve a una mujer que le gusta, además de decir lindezas como “es que estoy calienteeeee” les dice el numero de su habitación en el hotel Calderón.

 

Y hablando del rey de Roma, nos lo encontramos en recepción mirando los escotes de las bellas mujeres que por allí paseaban. Con esa actitud me recordó un poco al colillas, pero desde luego, el colillas esta de muy bien ver, así que pronto esa idea se alejo de mi cabeza.

 

De repente me entro un apretón y tuve que ir al baño. Con mis heces logre reventar el retrete, y cuando ya salía vi a ese hombre pervertido y soez, a ese hombre que esta en estado de fiebre permanente, hablando con mi bella mujer y haciéndole gestos insinuantes. Yo ya la estaba viendo sacar la guadaña mini que usa para las castraciones, cuando el hermano del moranco lo llamó y se fue. Salvado por el hermano.

 

El caso es que después de cenar Kay decidió irse a sembrar el terror por las calles de la ciudad, pero yo estaba bastante cansado porque me había tocado cargar con los dos maletines que llevábamos, así que me fue corriendo a dormir, porque mañana me esperaba un gran día de atemorizar toda Barcelona.

 

Serían las dos de la madrugada cuando oigo mi habitación abrirse y pensé que era Kay, que había vuelto unas cuantas cabezas cortadas. Y cuando empezó a quitarse su uniforme de muerte, dejándolo caer en la moqueta, y se lanzó a la cama como una posesa, yo supuse que a partir de ese momento no podía dormir en toda la noche. Empezó a retirar las sábanas, y cuando nos encontramos cara a cara, los dos gritamos del susto.

 

Porque no era Kay la que había venido a hacer de esa noche una noche placentera y apasionada, sino que me encontraba con César Cadavall encima de mí en ropa interior. El espanto era mayúsculo, sobre todo porque yo he tenido malas experiencias con otros hombres, dícese Fasciano Rajoy.

 

Pero la historia no acaba aquí, porque de repente entra Kay bastante agotada de asesinar y nos ve a los dos en la cama. Yo le suplico que no piense cosas raras, que ese hombre ha aparecido por sí solo en mi cama, pero ella saca la guadaña. Ya me temía que me iba a decapitar porque creía que le estaba siendo infiel y encima con ese ser, pero lo que hizo fue rasgarle los calzoncillos a César.

 

Éste no pudo reprimir en ese momento su miedo y se orino encima, dejando la colcha perdida. Eso nos cabreó a los dos aún más, y agarrandolo en volandas lo tiramos por la ventana. Lástima que se tratara de un primer piso y que encima cayera en un contenedor de basura, aunque lo bueno fue que salió medio aturdido del contenedor en pelota picada y se aproximó a la calle principal. Pronto se oyeron gritos. La gente huía despavorida, pero lo mejor fue que César volvió a entrar en el hotel.

 

Paseaba por los pasillos llorando por lo que le había pasado, y la gente que iba a ver que era el tremendo alboroto se espantaba tanto que cerraba la puerta y llamaba a la policía. Al final, con tantas llamadas vinieron hasta los GEO, y acordonando el hotel obligaron a Cesar a que saliera con las manos tapando su instrumento viril. Después, supongo que pasó la noche en una celda con buena compañía.

 

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