Orar a San Alcohol El hijo de Abraham

Hermanos aquí reunidos para glorificar a San Alcohol, en el nombre del cachi, del cubata y del vaso largo. A beber.

 

Hoy encaminamos nuestros rezos al Santo Fernando Alonso, que puede hacernos felices con su Renault. Recordemos que este hombre fue santificado hace poco, pero que el cielo boicoteó su carrera de una manera nefasta. Fernando, San Alcohol está contigo.

 

Vamos a continuar con la lectura de la Santa Biblia de los Borrachos, donde se nos cuenta cómo Abraham quiso matar a su hijo: tal como le prometió San Alcohol, Abraham tuvo un hijo con su mujer y varios con las esclavas. Pero sólo reconoció como hijo suyo concebido en el vientre de su esposa. Y lo crió y alimentó durante años.

 

Pero el crío se comportaba de manera asquerosa, como todos los críos, y ni siquiera hacía caso de los preceptos que había instaurado San Alcohol para los niños. Estudiaba en la escuela, no tiraba piedras a los abstemios y no robaba vino a escondidas. Por lo que su padre, desesperado decidió encerrarlo en la bodega para qué tuviera que aceptar beber alcohol.

 

Pero cuando llegó a la bodega y vio todas las botellas destrozadas y su hijo nadando en un inmenso charco de vino, pensó que ese niño era obra del mismísimo morador de los cielos y fue a lo alto del monte amarrándolo del pescuezo, lo tumbó sobre el altar de sacrificar corderos y agarró un cuchillo para clavárselo.

 

En ese momento San Alcohol salió de la tierra por una de las múltiples entradas del infierno y tomó su brazo, le quitó el cuchillo y le dijo “¿qué haces, desgraciado?” y le dio una hacha bien afilada. El hijo suplicaba y San Alcohol sacó una botella de marqués de Legarda.”Solo si bebes un trago, te salvaras”. Y el niño se bebió la botella entera.

 

Esta ha sido la palabra de San Alcohol. Dichosos los que hemos estado aquí para oírla o leerla. Propongo que hacemos los cubatas en honor de este gran hombre y los vaciemos de un trago, en una comunión espiritual con nuestro Dios. Dejemos que penetre dentro de nosotros y nos bendiga con su espíritu. Y ahora pido un minuto de reflexión.

 

Ahora es el momento de orar en conjunto con la oración que nos enseñó San Alcohol, ese rezo que define por su acercamiento a la fe y a su espíritu.

 

Cubatita nuestro que estás en el vaso, a través de la boca ábrete paso. Santificados sean tus grados, vengan a nosotros tus efectos, hágase tu voluntad así en el bar como en el pub.

 

El ciego maestro de cada noche dánoslo hoy, perdona nuestras mezclas así como nosotros perdonamos al garrafón, y no nos dejes beber Buckler sin alcohol, más líbranos del Bitterkas, amen.

 

Y siempre que nos encontremos mal, que nos falte la fe, sabéis que las puertas de nuestras iglesias estarán abiertas hasta la hora que nos dejen los municipales, y si no, podéis acudir a los licores que tenéis en casa.

 

Debo decir la frase sabia que dijo en su momento San Alcohol, y que es: precaución, amigo conductor. Y se refiere a que no se puede conducir borracho, como hace Lewis Hamilton, porque es peligroso.

Ahora ya podeis emborracharos en paz. A beber.

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