El aguafiestas

Como ya comenté en el post anterior, por la felicidad que me había producido ser nombrados Blog del día, yo había decidido organizar una fiesta magnífica en compañía de mis grandes amigos. Y como había encargado toneladas de alcohol dispuesto a que esa fecha se recordara en nuestras mentes, estaba contentísimo.

 

Pero en pleno auge de la fiesta, y cuando ya estábamos por la mitad del alcohol ingerido, sucedió una catástrofe, una tragedia sin igual y que destrozó totalmente nuestras almas, por lo menos destrozó las almas de las personas que la tenían, como pueden ser IBB y el Colillas. Y es que el malvado Txetxu entró armado con una escopeta en mi casa y nos secuestró. Por pura envidia, creo yo.

 

Yo siempre he dicho que ese hombre tiene que estar loco, pero nunca pensé que llegaría a tales actos, a pesar de que me odia a muerte y yo no entiendo el porqué. Yo nunca he destrozado sus fiestas, hasta le he invitado a comer, si bien un día tuvimos unos pequeños desencuentros. Desde entonces, hemos iniciado una pequeña lucha entre nosotros. Pero nunca pensé que esto desembocaría aquí.

 

Suerte que alguien llamó a la policía, luego nos enteramos que fue Txetxu mismo, para denunciarlos por armar un escándalo sin igual, lo que era totalmente falso, ya que solamente teníamos cinco aparatos de radio a todo volumen. Y cuando llegaron a nuestra puerta y oyeron un disparo, pidieron refuerzos.

 

Pronto se pusieron en contacto con nosotros, llamando al fijo de mi casa. Txetxu cogió ese teléfono, lo que me molestó enormemente pero no podía hacer nada porque me apuntaba con esa escopeta, y entonces comentó sus pretensiones para liberar los rehenes sin matarlos. Quería que destruyeron todo el alcohol del mundo, que se destruyeron las fábricas de alcohol de todo el mundo, que fusilaran a su ex mujer Paca y que le perdonarán todas sus deudas. De lo contrario, a cada minuto mataría una botella de alcohol arrojándola por la ventana.

 

Y cumplió su promesa con al menos cinco botellas. Todo el mundo estaba en la calle asustado, pero nosotros aún más porque esas botellas eran como parte de nosotros, estaba matando nuestras vidas a cada botella que oíamos estallar en pedazos. La crueldad que estaban presenciando nuestros ojitos de borrachos era tal que preferimos perder nuestras vidas a soportar esa tortura.

 

Y nos enfrentamos al malvado Txetxu que con la escopeta nos apuntaba. Cuando nos vio levantarnos, cogió y se preparó, dejando caer otra botella en el suelo, y me apuntó con la escopeta a la cabeza. Yo no tenía miedo a morir, sino que quería vengarme de lo que les había hecho a la esas pobres e inocentes botellas que no habían hecho nada malo en su vida.

 

Me disparó, y su disparo habría acertado en toda mi cabeza haciéndola estallar en pedazos y sembrando mi precioso salón de sesos de borracho, mientras la moqueta se llenaría de sangre vertida por la herida que habría abierto, de no ser porque el muy zopenco había olvidado cargar la escopeta. Tan sólo salió un ruido como de sarcasmos del cañón de la escopeta mientras que yo saltaba y atrapaba a ese miserable, a ese ser celestial que había venido a destrozar mi noche de gloria.

 

No se lo llevó a la policía, sino una ambulancia. Luego, a la cárcel.

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