El ataque de la barra de pan

Que conste que por esta vez yo no soy el protagonista de esta historia. Y es que a mi no me pasan cosas tan ridículas como lo que le sucedió a IBB el otro día en el parque de Arriaga. No, no es que se le acabara el alcohol en medio del botellón o perdiera su chaqueta, lo que paso fue un extraño suceso que se podría catalogar entre los fenómenos paranormales de Vitoria Gasteiz.

 

Porque nuestro amigo había decidido ir al parque a dar de comer a los patos, si bien con su puntería lo más que llega a hacer es dejar sin sentido a los animalitos. Huelga decir que todos los días vienen desde el río Zadorra una manada de patos en el autobús de Carrasco como viejillos del imserso, a descubrir las costas vitorianas. A esos era a los que IBB quería alimentar.

 

Pero tratándose de IBB, estaba claro que algo iba a salir mal. Como no, se había olvidado de las barras de pan, esas barras de pan duro que suele regalarme para que cene. Es evidente que esas barras ya estaban en mi estomago. El caso es que sin esas barras de pan, IBB no podría atacar con saña y rabia a los patos. Estaba a punto de llorar.

 

Y de repente, como si los infiernos hubieran oído sus suplicas, una barra de pan gigante gritando: Panaderia la vitoriana, el pan de la mañana. Se le acerco con un papel de propaganda. Mi gran amigo no se dio cuenta de que era un hombre disfrazado, se maravillo de esa aparición, y cogiendo la barra de pan de ochenta kilos la lanzo al estanque. Los patos salieron huyendo y la barra de pan comenzó a patalear y a maldecir.

 

No crean que mi querido IBB salió huyendo, sino que fue a socorrer a la barra de pan. Así de buena persona es IBB. Pero no todo el mundo es tan buena persona como él, y ese era el caso del malvado hombre  barra de pan, que cuando IBB le dio la mano él cogió y lo arrojó contra el lago. Después, empezó a pegarle y arañarle como un salvaje, y a morderle el brazo. Total, si IBB no le había hecho nada malo.

 

En este punto de historia nos hemos dado cuenta de que la barra de pan no había venido del infierno y si del cielo, sobre todo porque no paraba de mencionar a Dios en sus frases: me cago en Dios, te voy a mandar con tu dios,… y frases parecidas que atemorizaban a cualquier persona que crea en la fe de San Alcohol.

 

IBB no paraba de llorar mientras la barra de pan seguía dañándolo y de repente se obró un milagro, ya que todos los patos que antes habían huido espantados tomaron conciencia de lo que tenían delante de sus ojos, que era una barra de pan gigante. Y como no les apetecía tener que pagar en el chiringuito de la esquina a las palomas por cáscaras de pipas rancias corrieron a degustar el suculento banquete. Disfrutaron enormemente desgarrando tanto la goma espuma como la carne del hombre barra de pan, mientras que IBB salía huyendo, sangrando del brazo y con múltiples cortes.

 

Desde ese momento, IBB ha jurado no volver a dar de comer a las palomas. También ha jurado no volver a comer pan, pero no creo que cumpla esa promesa porque teniendo en cuenta su pobre economía de estudiante de arquitectura de la UPV, su presupuesto sólo le da para pagar dos barras de pan al día y una botella del beilys de imitación Big Label. Y además, si tenemos en cuenta que uno de sus propósitos de Año Nuevo era dejar de beber, ya podemos imaginarnos el tipo de hombre de palabra que es IBB.

1 Comentario(s)

  1. Comentario por IBB on Mayo 8, 2008 7:59 pm

    Por cierto me da que eso de comprarme la botella de Big Label se va a acabar, porque me han subido el precio del papel de acuarela y los satinados van por el mismo camino. Así de cabrona es la inflacción, que te suben todo.
    Ah, por cierto, cuando conté en la Uni lo que me había pasado no se lo creían.
    Y por último, quieres dejar de hablar de si llevo o no chaqueta.

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