Orar a San Alcohol: Abraham en Sodoma

Hermanos aquí reunidos para glorificar a San Alcohol, en el nombre del cachi, del cubata y del vaso largo. A beber.

 

Hoy en nuestras bocas tendremos al apóstol San Bombay Gin, aquel santo de pitufo de sabor azulado y color ginebroso. No todos podían presumir de ser azules. Con ese bello color turquesa endulzaba los paladares de todas las bellas damiselas de la época. Era un don Juan hecho Ginebra.

 

Vamos a continuar con la lectura de la Santa Biblia de los Borrachos, donde se nos cuenta cómo Abraham viajo a Sodoma. Abraham estaba viejo, y uno de sus amigos decidió animarle invitándolo a una excursión turística del imserso. Pero el destino era la ciudad de Sodoma, lugar de vicios y perdición, y Abraham quedó horrorizado al ver las perversiones que se sucedían por doquier en cada esquina. Metido en su estricta moral que le habían enseñado sus antepasados, descreyentes de San Alcohol, llamó a sus vecinos y les dijo que fueran todos juntos a destrozar la ciudad.

 

Pero entonces se le apareció San Alcohol totalmente ofendido y le dijo así: yo me he preocupado de ti, te ha prometido que tendrás un hijo y me lo pagas queriendo destruir una de mis bellas ciudades en las que todos y cada uno de ellos hacen homenaje al alcohol. No comprendes que el alcohol es el que da la libertad máxima y que bajo sus efectos puedes hacer lo que quieras siempre que no violes los doce mandamientos que tenemos establecidos. Y entonces Abraham hizo que sus vecinos disfrutarán del placer del alcohol en la ciudad de Sodoma y logró más adeptos para su señor San Alcohol. Palabra de San Alcohol.

 

Esta ha sido la palabra de San Alcohol. Dichosos los que hemos estado aquí para oírla o leerla. Propongo que hacemos los cubatas en honor de este gran hombre y los vaciemos de un trago, en una comunión espiritual con nuestro Dios. Dejemos que penetre dentro de nosotros y nos bendiga con su espíritu. Y ahora pido un minuto de reflexión.

 

Ahora es el momento de orar en conjunto con la oración que nos enseñó San Alcohol, ese rezo que define por su acercamiento a la fe y a su espíritu.

Cubatita nuestro que estás en el vaso, a través de la boca ábrete paso. Santificados sean tus grados, vengan a nosotros tus efectos, hágase tu voluntad así en el bar como en el pub.

El ciego maestro de cada noche dánoslo hoy, perdona nuestras mezclas así como nosotros perdonamos al garrafón, y no nos dejes beber Buckler sin alcohol, más líbranos del Bitterkas, amen.

 

Y siempre que nos encontremos mal, que nos falte la fe, sabéis que las puertas de nuestras iglesias estarán abiertas hasta la hora que nos dejen los municipales, y si no, podéis acudir a los licores que tenéis en casa.

 

Debo decir la frase sabía que en su momento dijo San Alcohol: A mí me gusta el pirripipi. Si señores, hemos de confesar abiertamente que somos unos alcohólicos y estar orgullosos de ello. No hemos de esconderlos para beber, sino que hemos de salir a la calle con la botella en la mano y ponernos a entonar los cánticos de San Alcohol. Así quiere nuestro señor que promulguemos nuestra fe.

 

Ahora ya podéis emborracharos en paz. A beber.

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