Hermanos aquí reunidos para glorificar a San Alcohol, en el nombre del cachi, del cubata y del vaso largo. A beber.
Hoy es el día dedicado a San 43, aquel apóstol cubano cuya mezcla con Coca-Cola logró engendrar uno de los más placenteros néctares que gozaron de las exquisiteces de todos aquellos seguidores de San Alcohol. Fue de los más bebidos en honor de nuestro señor.
Vamos a continuar con la lectura de la Santa Biblia de los Borrachos, donde se nos cuenta cómo empezaron a construir la torre de papel: aquellos borrachos que se había salvado del diluvio empezaron a fornicar como cosacos y tuvieron muchos hijos. Alcohólicos como ellos. Al final, estos hijos se juntaron en una única ciudad, empezaron a construirla con las más modernas técnicas, fomentando el ladrillazo, y a uno de ellos se le ocurrió que para estar de borrachera permanente, podían robarle que el alcohol a San Alcohol.
Empezaron a construir una torre que llegar hasta los cielos donde moraba San Alcohol. Era un duro trabajo tuvieron que contratar a Acciona y Vallehermoso para que les ayudara. Pero al final ella rascaba en el techo de las nubes con ese gran rascacielos que aparte de torre sería un gran residencial. Pero cuando San Alcohol se enteró del verdadero motivo de la construcción de esa torre, se enojó y convirtió los ladrillos y cemento de aquella gran torre en papel. Todos los que estaban dentro fueron víctimas del derrumbamiento de la torre, y aprendieron la lección de que el alcohol de los demás es sagrado. Entonces, tristes, se marcharon cada uno por su lado. Habían sido humillados. Palabra de San Alcohol.
Esta es la palabra de San Alcohol. Dichosos los que estamos aquí para oírla o leerla. Propongo que alcemos los cubatas en su honor y los vaciemos de un trago, en una comunión espiritual con nuestro señor. Dejemos que penetre dentro de nosotros para serle más fiel. Y pido un minuto de reflexión acerca de lo que hemos escuchado.
Ahora es el momento de orar en conjunto con la oración que nos enseñó San Alcohol.
Cubatita nuestro que estás en el vaso, a través de la boca ábrete paso. Santificados sean tus grados, vengan a nosotros tus efectos, hágase tu voluntad así en el bar como en el pub.
El ciego maestro de cada noche dánoslo hoy, perdona nuestras mezclas así como nosotros perdonamos al garrafón, y no nos dejes beber Buckler sin alcohol, más líbranos del Bitterkas, amen.
Y siempre que nos encontremos mal, que nos falte la fe, sabéis que las puertas de nuestras iglesias estarán abiertas hasta la hora que nos dejen los municipales, y si no, podéis acudir a los licores que tenéis en casa.
Voy a decir una sabia frase que en su momento dijo San Alcohol: o te entra, o no te entra. Y eso significa que si no te entra el alcohol, se lo puedes dar a uno de tus compañeros de tragos, pero nunca desperdiciarlo, porque sería el mayor ultraje que pudieras hacer a esta religión y a nuestro señor. Ya lo habéis oído, así que seguí de este consejo que tanto promulga Ángel Llacer.
Ahora ya podéis emborracharos en paz. A beber.
2 comentarios
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Aja, tipico de los borrachos, todos queremos mas, y mas y mas… Por ejemplo, a mi si me entra, todo lo que me echen , y me refiero tambien a la comida…
Cagafuegos, desde luego, parece que tus tres apetitos son insaciiables:GULA, ALCOHOLISMO, LUJURIA… que amplio abanicop de pecados nos proporcionas… pero estos pecados para San Alcohol son grandes valores que se han de transmiitir…