Raúl Veleia: la culpa es de los ingenieros

Hay veces en las que un comentario fugaz que puedes escuchar te puede sorprender o incluso horrorizar. En esas situaciones, nos sabes que hacer ni qué decir, y mientras te comes por dentro y te guardas una sarta de insultos hacia esa persona, descubres lo que es la estupidez humana. Vaya si lo descubres.

Me remontó a hace unos días, cuando yo estaba con mi barra de pan en la cola del Sabeco. El pan me salía a 55 céntimos, pero ese día me salió muchísimo más caro. Porque delante de mí estaba la típica señora de carro lleno hasta los topes que con singular torpeza colocaba encima de la cinta transportadora de la caja los bártulos que había decidido comprar. Y en estas que una botella de leche decide caerse por la posición imperfecta en la que la habían colocado.

Gracias a San Alcohol, no se reventó. La mujer se agachó, la recogió y volvió a colocarla en la caja, diciendo una frase que se quedaría grabada a fuego en mi memoria: la culpa es de los ingenieros.

Sí, señora, sí. La culpa de su tremenda e infinita torpeza es de los ingenieros. Ellos tienen la culpa de todo, incluso de que usted sea tan torpe que no sepa poner una botella de leche en su sitio perfectamente. Hay gente que le echa la culpa de todo al gobierno, otros toman como caballo de batalla a Dios, incluso algunos se atrevieron a culpar a los pobres periodistas de las desgracias ajenas, pero esto de echarle las culpas a los ingenieros era nuevo.

Pero aquí no acaba la cosa, porque la mujer tardó diez minutos de reloj en sacar las cosas del carro, y mientras la pobre cajera y los que estábamos detrás de ella (dos personas salieron huyendo hacia otras colas) escuchábamos sus comentarios tales como “ vamos para atrás” y “ mi marido dice”, porque su marido es un gran sabio, un erudito cuya palabra ilustra los más exquisitos textos especializados. Total, que yo estaba con mi barra de pan en la mano pensando en si se la partía en la cabeza a la señora o no, y entonces por fin se fue. Se alejó y se perdió en la distancia, seguramente para ir a alguna de las conferencias multitudinarias de su marido en contra de los ingenieros.

Cuando alguien lanza una teoría hay que comprobarla para ver si es factible. Yo no quería escribir este post sin antes haber conocido la opinión de algún ingeniero, así que me fui a la fuente de producción de ingenieros más exquisita de todo el País Vasco, los ingenieros de Deusto, grabadora en mano, para lograr declaraciones que pudieran contradecir la opinión de aquella señora que se había gastado de una sentada 144 euros.

Pero todos los estudiantes los que me acerqué empezaron a rehuirme, inmersos en una sensación de culpabilidad que les hacía avergonzarse de ser entrevistados. Posiblemente pensarían que la grabadora empezaría a echar humo por su culpa, o que yo me caería por las escaleras después de haberlos entrevistado solamente por haberme acercado a su lado. Era muy probable que los pobres, después de cómo los había pintado aquella señora, se considerarán unos auténticos gafes que todo lo que tocaban lo dañaban.

Es este el daño que hace una lengua viperina que no quiso reconocer su error. Habría sido más fácil asumir que había cometido una torpeza, porque equivocarnos es de humanos, en vez de echar la culpa a unas personas que se esfuerzan por hacer nuestro día a día muchísimo mejor. Pero parece que ella y su marido se creen mucho más listos. Triste.

2 comentarios

  1. Comentario por Cagafuegos on Abril 6, 2008 2:19 pm

    Oh, dios, esa señora que se piensa????? Si es que la gente habla por hablar y sin tener idea… Si no fuera por los ingenieros, la botella seria de cristal y se habria hecho añicos… Pero es que una persona que opina lo mismo que su marido no tiene personalidad propia… A saber como sera el marido…

  2. Comentario por Mamarrachi on Abril 6, 2008 8:15 pm

    Cagafuegos: no voy a entrar a insultar a las mujeres idiotas que no son capaces de asumir su incompetencia, que son unas derrochonas y no tienen cultura… no seria justo…

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