Orar a San Alcohol El mar de alcohol
Hermanos aquí reunidos para glorificar a San Alcohol, en el nombre del cachi, del cubata y del vaso largo. A beber.
Hoy tenemos en mente a nuestro queridísimo apóstol San Rosado, aquel mozalbete tan vergonzoso que acompaño a San Alcohol por todo su peregrinaje sin apenas abrir la boca. Solamente se le conocen dos palabras dichas regularmente. A BEBER.
Vamos a continuar con la lectura de la Santa Biblia de los Borrachos, donde se nos cuenta cómo terminó el gran diluvio: navegaban en el trasatlántico los borrachos contentos y felices, pensando que habían terminado por fin con todos los abstemios y nada les impedía continuar orando a San alcohol.
Pero el tiempo corría, navegaban por ese mar de alcohol que no se secaba y de repente se dieron cuenta de que las existencias de vino y whisky se les acababan.
Como ya no quedaba tierra donde hubieran tabernas, empezaron a desesperarse. Pensaban que San Alcohol les había abandonado a su suerte. Pero Noe, el más fiel de todos ellos, se dio cuenta de cual era el reto que les planteaba San Alcohol.
Para volver a la tierra demostrándole que le eran fieles, tenían que beberse todo aquel alcohol que les había llovido. De esa manera, sacaron grandes cañas de bambú y empezaron a beber como sedientos que eran. Secaron la gran marea en dos horas. Palabra de San Alcohol.
Esta ha sido la palabra de San Alcohol. Dichosos los que hemos estado aquí para oírla o leerla. Propongo que hacemos los cubatas en honor de este gran hombre y los vaciemos de un trago, en una comunión espiritual con nuestro Dios. Dejemos que penetre dentro de nosotros y nos bendiga con su espíritu. Y ahora pido un minuto de reflexión.
Ahora es el momento de orar en conjunto con la oración que nos enseñó San Alcohol, ese rezo que define por su acercamiento a la fe y a su espíritu.
Cubatita nuestro que estás en el vaso, a través de la boca ábrete paso. Santificados sean tus grados, vengan a nosotros tus efectos, hágase tu voluntad así en el bar como en el pub.
El ciego maestro de cada noche dánoslo hoy, perdona nuestras mezclas así como nosotros perdonamos al garrafón, y no nos dejes beber Buckler sin alcohol, más líbranos del Bitterkas, amen.
Y siempre que nos encontremos mal, que nos falte la fe, sabéis que las puertas de nuestras iglesias estarán abiertas hasta la hora que nos dejen los municipales, y si no, podéis acudir a los licores que tenéis en casa.
Debo decir la frase sabia que en su momento dijo San Alcohol: Quien borracho se acuesta, contento se levanta. Y es que dan igual todas las resacas del mundo, porque con el alcohol somos felices, nos lo pasamos bien y contribuimos a fomentar nuestra religión. Por tanto, antes de llegar al santo estado de borrachera permanente, hemos de pasar por estas pruebas para demostrar nuestra verdadera fe. Que San Alcohol nos tenga en su gloria…
Ahora ya podéis emborracharos en paz. A beber.
2 Comentarios
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ahhhh, quien hubiera estado en ese barco… Desde luego, conmigo habrian tardado una hora solamente en vaciar el oceano… Y ya si llegas a estar tu…
Cagafuegos: Pues te aeeguro que con cunco cañas de bambu en la boca habria tardado unos cinco minutos…