Raúl Veleia: 806
Queridos lectores, ayer fui reconocido por un antiguo camarada de El Correo que en vez de delatarme a la justicia me abrazó por ser un asesino justiciero y me pidió un favor. El cruel jefe que tenemos, o por lo menos teníamos, se negó a dejarle publicar en su columna de opinión este texto que a mí me parece claro, correcto y conciso. Y como este hombre es un buen vitoriano, y los vitorianos acostumbran a leer Mamarrachi, él sabe que colaboro aquí. Así que su petición fue que le pusiera en el Blog su magnifica visión del mundo de las líneas eróticas.
Como tengo libertad de expresión en este Blog excepto para criticar el alcohol, me tomo la libertad de poner integro el texto que me ha dado mi gran amigo. Disfrutadlo.
LE CORTARON LAS LÍNEAS ERÓTICAS CON LAS QUE SE COMUNICABA
Ayer llegó a la redacción, proveniente de la agencia de prensa EFE, un comunicado que pasará a la historia en los corrillos ante la maquina del café. Concretamente su titular era: Le cortaron las líneas eróticas con las que se comunicaba, y hacia referencia a un hombre con síndrome de Diógenes que usaba el teléfono solo para encargar comida en el supermercado y para estar, durante todo el tiempo posible, hablando con un amplio abanico de teléfonos 806. La decisión de cortarle el teléfono por parte de telefónica llevó al hombre, que llevaba tres meses sin pagar la cuota, a amenazar con incinerar toda la basura acumulada si no le dejaban “hablar con mi churri”.
Pero aunque sea una situación que de lugar a muchas bromas, también es un problema serio que preocupa a muchos hogares. Sin ir más lejos, la semana pasada recibí una factura de casi treinta folios (lo habitual son veinte, pues tengo una hija adolescente pegada al teléfono casi todo el día), en la que figuraban llamadas al 806 324 946. De esa se salvaba mi hija y mi mujer (aunque con ella aun tengo mis dudas) y solo me quedaba el pequeño de la casa, de siete años. Le lleve al salón, y empecé a preguntarle sobre las llamadas. Entre llantos me confesó que él era el responsable, que aprovechaba por las noches para llamar, y su respuesta al por qué de las llamadas era que necesitaba llenar el gran vacío de su vida amorosa. Yo, como buen padre, comprendí la situación por la que pasaba, y busque una situación de acuerdo con el dialogo. Le dije lo siguiente:
- Hijo mío, aunque la edad que tienes es muy baja aun, te comprendo. Pero no es cuestión de derrochar mil euros en buscar consuelo. Hay métodos mejores…
Y entonces le descubrí lo maravilloso que puede ser el mundo. Baje del camarote el cofre de mi juventud, y le enseñe todas aquellas revistas porno que me alegraron la adolescencia, los DVD con cinco películas cada uno, y luego le enseñe los sitios web de calidad donde podría encontrar lo que él ansiaba, de manera gratuita y sin trabas.
Se quedo mirándome con una expresión que parecía decir “gracias, papa”, aunque la disimulara con una cara de susto. Y para que se sintiera acompañado, me puse a ver con él mi favorita, “marranas con ganas”, sacándole una cerveza del frigo.
¿A que soy un buen padre?
2 comentarios
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Si es que los de telefonica sin unos cabrones… pero este hombre, tu amigo, me recuerda mucho a mi… Yo tambien educaria asi a mis hijos para librarme de ese pedazo de factura…
Cagafuegos: es que mil euros son mil euros… el sueldo de casi todos los españoles… pero tampoco es cuestion de ponerse asi con un crio de siete años… hay que esperar a que tengan catorce, que es la edad adecuada, y cuando lo van a disfrutar mas…