Estado yo esperando tranquilamente en un semáforo sentado en el volante de mi flamante Mercedes y una furgoneta de trasporte de carnes abrió sus puertas y empezaron a caer jamones, chorizos, lomos, salchichones, y todos aquellos embutidos que hacen de un Mamarrachi una persona feliz. Me bajé y empecé a llenar el coche hasta los topes.
Cuando llegué a casa con medio salchichón en la boca y los brazos cargaditos de embutidos, Kay se horrorizó. Hace unos días que me puso a dieta porque corro el riesgo de morir reventando a causa de toda la comida que en mi meto. No se creyó la realidad, me acusó de mentir descaradamente y, aprovechando que tenía fiesta durante los dos días siguientes yo y ella se tenía que ir a reclutar unas almas, me preparó unos platos de comida para esos días, me encadenó para que solamente pudiera acceder a la bodega, y puso una puerta blindada en la nevera, para que no incumpliera sus normas.
Así estuve tristemente un día entero, pues los platos preparados para todo aquel periplo los engullí en cuanto Kay cerró la puerta. Y ni el alcohol pudo calmar el vacío que había en mi estómago. Por tanto, un poquito antes de amanecer devore la cadena y me escape. No podía conseguir comida en casa, así que fui a un sitio donde podría comer todo lo que quisiera hasta recuperarme, el buffet chino.
Fui el primero en entrar, y en contra de dónde me querían ubicar, una mesa pequeña, cogí la mesa más grande, pues iba a necesitarla para poner y acumular tantos platos que pensaba comer. Ya en el primer viaje llene la mesa de comida.
Fue en un momento determinado cuando me di cuenta de que más gente venía, y se comía la comida que por ley me correspondía. Así que saqué de mi mochila gusanos, ratas y cucarachas y empecé a ponerlas alrededor de la comida, provocando que todo aquel que entraba viera el repugnante espectáculo y huyera. Por tanto, me quede sólo en compañía de ocho camareros que no entendían de dónde salió la plaga.
Los muy cochinos, al ver que no tenían negocio, dejaron de sacar comida, y fue entonces cuando les plante cara amargado y molesto. Ellos alegaron que no les quedaba más comida, que lo había devorado todo con mi apetito. Me cabree tanto que cogí un plato y empecé a morderlo, pues la porcelana no sabe mal, y cual fue mi disgusto al darme cuenta de que era loza. Miserables que todo lo hacéis pirata…
Pues nada, empecé a comerme toda la vajilla y las mesas, pero los manteles los respete porque me recordaban a pañuelos como los que usa Txetxu, llenos de manchurrutones.
Pero aún no había saciado mi hambre, y por tanto agarre al primer chino y empecé a almorzar chino crudo. Entonces sacaron toda la comida que tenían oculta en la despensa, y me pegue el gran banquetazo del siglo. Los costes de este banquetazo fueron 10,90 €, mas la propina que les dejé por el trato recibido, algo así como dos céntimos. Y además, sin que se dieran cuenta, me llevé los cubiertos, no sólo los de mi mesa sino todos los del restaurante. Vamos, que amortice bien.
Atentamente, Mamarrachi Legarda. Un abrazo para mi Kay.
Vitoria, 02 de febrero de 2008
Tres litros de vodka negro con lima
3 comentarios
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la verdad es que tu en un restaurante eres mi vivo ejemplo, cuando voy en vacaciones a un bufete libre, acaban llorando los camareros. aunquew tambien Kay tiene mala idea con eso de ponerte a dieta… si no te mueres por comer va a ser por no comer…
si es que, no habría sido más rapido dejar la nevera vacía en lugar de blindarla. Por cierto, si vas a Fitur nos vemos allí,Mamarrachi
Cagafuegos: ya, es qye un bufett esta creado para comer, y si es libre, paracomer todo lo que puedas… a mi muchas veces me han acusado de esconder la comida para llevarmela, de todos los platos que vacio… pero tienen razon, me llevo la comida… metida en mi estomago!!!!!!
IBB: Ya, porque ahora no hay manera de abrirla. Oye, yo voy a Fitur con los de Licorera. El proximo lunes, el de despues de la Boda de Sarkozy, ya te contare…