Ayer vino un amigo mío, ex compañero de la oficina al que le toco la lotería y tiro al antiguo jefe por la ventana. Ha estado de viaje en muchos sitios, desde Albacete a la luna. Y esa vez venia de la selva africana. Me trajo un tam tam con el que poder despertar a Txetxu a las tantas de la madrugada, y me pidió un favor: cuidar a su Paco.
Pensando que era un crío, me negué en redondo. Pero luego me dijo que era un león simpático y agradable que se había traído de contrabando en la maleta. Y allí, en el Range Rover, en el asiento de atrás, un cacho león bostezaba.
Otros se asustarían, pero yo me quede encantado. Siempre he querido cuidar de un león, es uno de mis sueños, y Paco allí, colmillos y garras, era la respuesta a mis anhelos. Acepte sin dudar, y mi amigo me dijo que lo recogería al día siguiente, que él tenia que irse a un balneario con unas mozas.
Lo primero que hizo Kay fue subirse al techo y decirme si había dejado de beber o qué me pasaba. Risirvato empezó a acercarse, y se pusieron a jugar al yo te como, tú lloras. Sacando de la boca de Risirvato la cola de Paco, critique la falta de tolerancia de los miembros de mi casa y me lo lleve a dar un paseo.
Ya de paso, podía hacer la compra. Lo metí en el coche de Kay y nos fuimos al Boulevard, donde ponen carteles de no dejar pasar a perros. Pero como de leones no decía nada, lo metí. Y os puedo asegurar que todos los seguratas que nos veían no nos decían nada, es más, salían corriendo, como el resto de las personas.
Paco era muy manso, y nos metimos en Eroski con la ilusión de comprar nuevas botellas, que últimamente mi sed voraz me esta llevando a la quiebra. Pero el problema fue cuando pasamos por el pasillo vacío donde la carnicería se suele poner habitualmente. Solo estaban las dependientas, que salvo amenaza de bomba tienen prohibido abandonar el puesto, ya haya un loco con un AK 47 o se este quemando el centro comercial.
Pues Paco, hambriento como yo sediento, se abalanzó sobre la carne y empezó a devorarla. Las empleadas lloraban, y yo me descojonaba. Bandejas por los suelos, huesos y pedacitos de carne volando. Pero el problema vino cuando me palpe el bolsillo de mi desgastado abrigo y no encontré mi tarjetero con las mil y una tarjetas de crédito. Apenas tenia calderilla para una botella de beilys, y estaba claro que ese destrozo lo tenia que pagar. Así que agarre a Paco, y juntos salimos pitando. Por el camino pille tres botellas de vodka negro e hice que Paco amenazara a la cajera. Surtió efecto.
La policía rodeaba el centro comercial, pero uno es borracho sabio y el coche era el de Kay, así que me subí a la azotea del aparcamiento, acelere el motor del Porshe Carrera y lo lance al vacío. Acabe justo en uno de los jardines del parque del norte, donde una bandada de palomas, asustadas, atacaron a los viejillos que les estaban tirando miguitas.
Me da mucha pena que Paco se tenga que ir, pero esta en busca y captura por culpa de personas que no entienden que los animales tienen también derechos. Pero estoy pensando en comprar una pantera…
2 comentarios
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jeje, menos mal que no vivo en tu ciudad… porque toparme con un leon me haria cagar algo más que fuego… pero es una lastima que la gente no te comprendiera… si al fin y al cabo las ciudades son una jungla…
Cagafuegos: Tienes toda la razon… si en vez de srer un leon hubiera sido un tigre de bengala, las cosas hubieran sido diferentes…