Nuevo terapist

He acudido a terapia aun un poco temeroso de que mi terapist sé de cuenta del brutal engaño que he cometido. Cuando ha entrado por la puerta y se ha dirigido a mí en vez de a su sofá de cuero, donde se tumba con los pies descalzos y patatas fritas a oír nuestros embustes. Creía que me mataría, pero no, se ha sentado en una silla a mi lado. ¿Por qué? La respuesta venia en forma de hombre bajito, gordito y con traje desgastado.

Cuando se presenta (doctor Jaques Le Pork), nos explica que hoy tenemos dos novedades, su presencia como director, y la incorporación de un nuevo paciente, un borracho crónico que resulta ser nuestro antiguo terapist.

Ese tío me ha caído mal desde el segundo momento, cuando al decir mi nombre (pasa lista el muy cerdo) se ha equivocado y ha dicho Mamarracho. Después, nos ha ordenado que leyéramos en voz alta un panfleto ofendiendo a nuestro señor Dios, el alcohol. Después de esa tortura psicológica, ha sacado a mi terapist al centro, lo ha hecho arrodillarse y le ha ordenado que contara sus problemas con el alcohol. Cada treinta segundos, lo insultaba de manera despectiva.

Después, ha sacado de su maletín envejecido de piel de rata viuda      una botella de Jack Daniels y con una sonrisa maligna, se ha servido un vaso, lo ha olido y tragado. Después, llenó de nuevo el vaso y lo puso en medio de la sala, diciendo que el que quisiera podría bebérselo sin problemas. Muchos resistimos, pero Amador, sediento empedernido, de un salto y arrojando la silla, se abalanzo sobre el néctar. A lo que el terapist respondió usando una porra eléctrica contra él.

- Creo en el método del impulso negativo, sí señor. Este no volverá a probar este wiskhy.

Tanta crueldad, odio y maldad contenida dentro de esa panza de barrilete nos hizo odiarlo aun más. Pero lo peor fue cuando tiró la botella por la ventana. Eso era algo imperdonable para el grupo de quince borrachos crónicos allí reunidos, y por eso, sin mediar palabra, nos levantamos, rodeamos al cabroncete y lo atamos a una columna. Con las sillas rotas hicimos una pequeña hoguera dispuesta a prender si le acercábamos un mechero. Y allí, nosotros bailando la danza de la guerra, el hombre orinándose encima…

En estas, entra mi Kay. El resto del grupo se asusta, pero cuando se la presento, se quedan más tranquilos. Al parecer, oliéndose matanza, se vino para acumular un alma más. Ella traía la antorcha olímpica con sonrisa de psicópata.

Entonces me di cuenta de que nos estábamos desmadrando. Podía arder todo el edificio, y eso seria una tragedia, pues debajo hay una taberna. Por ello, dejamos al hombre atado, escuchamos los lamentos de Kay, que quería sangre, y nos fuimos todos, menos yo, que rezagado, le cante las cuarenta al mantequillo. Por tanto, gracias a ese motín, a partir de ahora nuestras reuniones pasan a ser botellones. Y además, me he quedado con la porra eléctrica. Es tan graciosa que la he probado con el tío cinco veces. Tiembla, Txetxu…

Atentamente, Mamarrachi Legarda. Un abrazo para mi Kay.

Vitoria, 24 de  enero de 2008

4 comentarios

  1. muy bien hecho, ese tio era un autentico cabronazo… lastima que no lo quemarais

  2. hola magnifico blog,te invito a participar en mi modesto blog de votaciones de otros blog,y te conocerán un poco mas
    http://aquiestatublog.blogspot.com
    visito todos los blog que invito y esta es la forma mas fácil que tengo de contactar,pero si consideras que es spam,te pido perdon y disculpas

  3. Cagafuegos: si es que en el fondo soy un buenazo…

  4. Gregorio: No te preocupes,. no es spam, y cuenta conmigo… en cuanto pueda te visito, el problema es que no te voy a poder comentar, tengo problemas con internet explores y las ventanas no se me abren… nada que ver con mi clasica torpeza con el nuevo portatil…


RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack

Deja un comentario