A veces creo que el mal destino me persigue, o que lo persigo yo con todas las gamberradas que hago. Pero en fin, casualidades de la vida, a veces esa mala suerte se vuelve en mi contra con saña y furia, hundiendonde hasta el infinito de la desesperación.
En definitiva, me he quedado otra vez encerrado en un ascensor. Precisamente en el ascensor del Corte Inglés, donde había ido para echar una ojeada a los nuevos vinos en oferta. Hasta ahí, todo bien, porque en esta ocasión tenía una buena reserva de vinos. Pero amigos, no todo es bueno en esta maldita vida, y es que me quede encerrado con otra persona.
Ojalá hubiera sido un psicópata, Jack el destripador o mi madre. Pero no, tampoco era Txetxu, sino mi ex novia y mi ex prometida, aquella que en un aciago día me dio a elegir entre el alcohol o ella. Cruel decisión, tuve que alejarme de lo que menos me importaba: ella.
Bien, ya la hemos liado, pensé. Encerrado con mi pasado, ahora que yo estaba tan feliz. Pues entonces, a beber para olvidar, o séase, que me ventile mis tres botellitas de marqués de Peñas en sólo dos minutos. Ella me miraba en silencio, pero no pudo reprimir una sonrisa y decirme “no has cambiado”. Pero en vez de pegarme, azotarme o insultarme, se me echó a los brazos.
Yo le debo mi vida, y nunca mejor dicho, a Kay. Entonces, perplejo por el ansia voraz que parezco despertar sobre las mujeres, me tuve que retirar excusándome, diciéndole que no me acordaba de ella para nada y que mi corazón era tan minúsculo con un átomo y tan frío como ese cachi que me sirven en ese bar donde los hielos parecen ser bebida nacional. Pero no funcionó y ella ya me estaba abriendo la camisa. Yo, deseando que las puertas del ascensor se abrieran para salir corriendo, y no caer en la tentación de serle infiel a mi Kay, la aparte bruscamente y le dije que mi corazón estaba ocupado por la muerte.
Pero no sirvió de nada, porque empezó a reírse y a murmurar al mismo tiempo que me recordaba momentos que pasamos juntos. Eso ya es agua pasada, le dije, y entonces ella me empezó a insultar. Cruel ironía, empezó a pegarme, diciéndome que era un borracho incorregible y que por eso yo le gustaba tanto, que se arrepentirá de haberme abandonado y que quería ser mía el resto de su vida. Yo cogí, aporree la puerta con toda mi fuerza y fue entonces cuando se abrió, y salí como perdigón que dispara mi escopeta delante de Txetxu, tirando sin querer al suelo a la pobre operaría que había hecho todo lo posible por sacarnos. Si no hubiera sido por ver el pelo rojizo, esa precisa melena que suele llevar sobre la cabeza mi Kay, no habría parado. Pero ella se levantó rápidamente, cerró las puertas del ascensor y dejó encerrada a mi ex novia. Se aproximó a mí y dijo: sabía que podía confiar en ti.
Al parecer, y como prueba de fidelidad, Kay, al verme entrar en el ascensor con ese recuerdo del pasado, había estropeado el ascensor con toda su saña. Le había demostrado mi amor. Por lo que respecta a mi ex, se quedo encerrada un par de horas.
Atentamente, Mamarrachi Legarda. Un abrazo para mi Kay.
Vitoria, 12 de enero de 2008
3 comentarios
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hicistes bien dejandola por el alcohol, pero ¿me puedes pasar su numero?
De todas maneras, un poco rara tu Kay a la hora de hacerte pruebas de si le eres fiel o no… Ya sabes, preparale tu una de esas…
Cagafuegos: La verdad es que confio plenamente en mi Kay, pues en su miomento demostro una pruebaq de fidelidad tremenda perdonandome la vida… y te daria el numero de mi ex, pero no quiero amargarte la vida, sobre todo si eres bebedor…
PARA MI SI TE KEDAS ENCERRADO LO MEJOR ES NO PONERSE NERVIOSO Y TRATAR DE ESPERAR KE ALGUIEN LLEGUE TE ESCUCHE Y LLAME A LOS KE SE OCUPAN DE LAS AVERIAS.. PERO LO MEJOR EN ESTOS CASOS ES…..NO PERDER LA CALMA