OH OH OH, Feliz Navidad
Ayer me pasó una de esas cosas que pueden parecer increíbles pero son tristemente verdaderas. Y es que yo iba a bajar la basura tranquilamente cuando vi a Txetxu con un garrote dirigidos hacia mí como un salvaje. Parecía querer amargarme las Navidades con una buena somanta de palos.
Tenía que proteger a mi basura, porque lo más sagrado en un hombre es su basura. Y vi una escalera apoyada contra la pared. No lo dude y empecé a subir por ella, y cuando llegue arriba, viendo que Txetxu llevaba la mitad recorrida, la lance contra el suelo. Después, ya por el tejado, vi un agujero bastante grande que me podría esconderme con tranquilidad. Señores, ayer descubrí lo que es una chimenea, sobre todo al caer por ella y destrozar un fuego artificial. Me había manchado totalmente de hollín y empecé a soltar tacos en Euskera para mostrar mí enojo. Y cuando salgo de la chimenea veo a dos niños mirándome y entre ellos, hasta que uno de ellos dice la palabra Olentzero.
En teoría aquí en el País Vasco el Olentzero es un hombre gordo que trae regalos con vete tú a saber que perversas intenciones, pues vive aislado en medio del monte en un covachuelo. Pues los niños, al verme con mi súper saco de basura, las pintas de carbonero y mi barba de ocho años, me habían confundido con el tiparraco éste. Cosa que yo podía aprovechar para vaciarles el minibar.
Los niños no paraban de repetir “que nos has traído, que nos has traído”. Dude entre contestarles que una mierda, y al final les comente que en cuanto me fuera yo podrían abrir sus suculentos regalos. Y agarre la botella de patxaran con una mano y la de sidra con otra y empecé a beber.
Los niños me miraban aún más asombrados, y es que conocer al Olentzero y darse cuenta de que este era un borracho debía de ser un mal trago. Y entonces se empieza a oír ruidos dentro de la chimenea, y el auténtico Olentzero me salta “ deja en paz mis licores, mamarracho”. Yo me quedé de piedra y los niños empiezan a llorar desconsolados. Dude entre enfrentarme al Olentzero que parecía tener buenos brazos de transportar carbón o de escaparme. Y cogiendo mi saco, salí huyendo puertas abajo, cruzó la calle con ansias, doy una patada al Txetxu medio dormido que está esperando al lado de la escalera y me encierro en mi casa. Cuando Kay me ve volver con la bolsa de la basura se extrañe me pregunta que qué he hecho esta vez. Yo, en vez de contar esa traumática historia que nunca conocerá, le respondo que he pensado sumarme a la moda y convertirme en un síndrome de Diógenes. Y haciendo hueco en la estantería para colocar la mierda, abro la bolsa y me encuentro un sinfín de juguetes, p0laistations, PSP, Wii, móviles, ordenadores portátiles, cámaras de fotos, y videocámaras, juegos de ordenador, juegos de gameboy, la Nintendo DS…
En definitiva, todas esas maravillas se las he vendido a un grupo de frikis que habitan en la lonja de mi casa. Lo que me duele es haber perdido mi basura, y me gustaría saber qué ha hecho el Olentzero con ella. Seguro que la tienen todos los niños de Vitoria.
2 comentarios
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Pobres niños, que les has chafado la navidad, hombre.
http://laslucesdeagosto.wordpress.com
saludos amigo, estas perdido ya ni pasas por alla, feliz navidad.