Empachando a la gula

Estaba yo sentado en una terracita soltándoles piropos a los barrenderos cuando una atractiva jovenzuela me miró con aire extrañado y empezó a dar brinquitos de alegría. Yo pensé que sería una de mis múltiples fans que me dejan los comentarios eróticos que tengo que censurar, y rápidamente saqué una de mis fotografías en tamaño A3, vulgarmente conocida como póster oficial Mamarrachi, para firmársela y lograr que me invitara a un cubata.

La chica se llamaba Ann Gula, y resulta que era la persona con la que Kay había quedado para comer con nosotros. Me comentó que Kay se tenía que haber quedado en el trabajo ante la recepción de unas cuantas almas nuevas. Y empezamos a hablar cuando de repente me soltó la siguiente frasecita:

- ¿A ti te gusta hacerlo al aire libre?

Eso me chocó totalmente, y me puse rojo como el patxaran, hasta que específico que si me gustaba comer al aire libre. Aliviado, le dije que si y ella llamó al camarero para que fuéramos pidiendo algo para picotear.

Yo me pedí los típicos platazos de ibéricos, cinco como mínimo, para ir preparando el estómago, pero ella les sorprendió pidiendo que le trajeran directamente los lomos, salchichones, jamones y demás. Eso era el buen comer, desde luego.

Ella me animaba a comer más y más, hasta que desembocamos en una competición por ver quien comía más. Ella engullía como una giganta, a pesar de estar más delgada que el palo de la guadaña de mi Kay. Y mientras que sentía la pesadez en el estómago, el camarero se desesperaba trayendo más y más comida. La gente hacía un corrillo alrededor de nosotros viendo el espectáculo.

Aquello ya era una cuestión personal, y si alguien tenía que reventar sería ella, puesto que yo llevaba sin comer desde la hora de mi cuarto desayuno, siguiendo la típica tradición del funcionario. Ella a medida que comía se iba hinchando en todo su cuerpo, y parecía el muñeco michelín. Hasta que llegó un momento en el que estalló, llenando a nuestros espectadores de trocitos de su piel. Y una sombra negra apareció donde había estado el cuerpo de la amiga de Kay.

Todo el mundo estaba totalmente asustado, pues ver reventar a alguien no es normal. Y mientras huían, vi salir a duras penas de un callejón a Kay, maniatada y con una mordaza. Yo no comprendía que estaba pasando. Pero cuando le quite la mordaza, ella me lo explicó todo.

La tal Ann era en realidad uno de esos pecados capitales, más concretamente la gula. No es que se lleve muy bien con Kay, y por eso había intentado que yo reventara para hacerle daño a Kay. Pero misteriosamente yo había conseguido empachar a la gula, y de esa manera hacer que saliera su verdadera cara interior. Le tuve que preguntar a Kay si ella era también una sombra negra, a lo que me respondió que no, que ella tan sólo era un cadáver andante.

Atentamente, Mamarrachi Legarda. Un abrazo para mi Kay.

Vitoria, 13 de diciembre de 2007

1 Comentario(s)

  1. Comentario por Hija de la Selva on Diciembre 13, 2007 5:43 pm

    Qué peligro que tiene la Gula, vaya tela en las batallitas que os meteis…Pero La Gula recibió su merecido

    Un besote, muy entretenido este episodio,jeje

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