A veces unas vacaciones no vienen mal, y por eso suplique a mi jefe hasta llegar a regalarle una botella de chivas Regal para que me dejara irme de viaje con Kay. Ella tenia que ir a Cuba por importantes asuntos de trabajo, no me dijo nada, y yo decidí acompañarla para disfrutar de las playas y las tabernas.
El caso es que sus jefes me autorizaron como secretario y pude hacer el viaje a lo gratis en un jet del Satán Air Corp. Allí, mientras ella visitaba a gente para un trabajo sonado, yo me dedique a beber en las tabernas.
Me encontraba en una de esas tabernas muy borracho, llena de gente sedienta. Y ellos criticaban a un gobierno que les impedía tener dinero para tomar tragos. Yo les dije que se debía imponer la revolución del alcohol, y les invite a todos. Hicimos lo mismo en muchas más tabernas, hasta que me desmaye.
Al día siguiente desperté en un sillón de cuero color vino y con olor a vino, en un gran y lujoso despacho. Vi una gran caja de puros y mangonee unos cuantos, hasta que vi en el suelo un retrato de Fidel. Entonces me di cuenta de que estaba mangandole los puros a Fidel, y casi me hice pipi encima cuando entraron dos mulatos con metralletas. Pero se cuadraron ante mi presencia.
Al parecer todas aquellas personas a las que había invitado a ron habían hecho caso de los consejos acerca de la revolución del alcohol, y sacando armas, machetes y botellas vacías tomaron la isla por entero y me nombraron presidente, porque les había invitado y les había sugerido hacer una cosa tan magnífica.
Yo me quedé un poco preocupado, pues soy un concejal, pero no quiero llegar a presidente, porque seguramente tendría a un Rajoy amargándome la vida. Pero cualquiera les decía que no con la ilusión que tenían todos ellos. Por eso ordene que se guardará en reservas todo el ron de la isla, pues para calmarlos tendría que tenerlos borrachos todos los días, y tendría que racionar el alcohol. Aunque la decisión no les cayó muy bien, pues la camarilla que me rodeaba estaba abusando sin piedad de la bebida local, dejando al pueblo seco.
Entonces se amotinaron y trataron de liquidarme. Yo no había querido esta situación, y ahora estaba a punto de morir por culpa de una borrachera. Jure que si salía vivo de ésta no volvería a probar una gota de ron. Lo dije porque no creía que viviría.
Pero entonces entró en tropel el ejército cubano comandado por mi Kay, que al parecer había ido a llevarse al dictador Fidel Castro, pero que había cedido para salvarme. Eso me lleno de ilusión, y aunque perdiera mi liderazgo en la tierra del ron, prefería estar vivo y sediento a morir como mártir de la causa del alcohol.
Esta extraña anécdota no saldrá nunca en los libros de historia, puesto que se han esmerado en taparla. Nadie quiere saber cómo una cuadrilla de borrachos logró hacerse con el poder de una isla. Pero señores, esto demuestra el gran potencial que da el ron cubano.
Eso sí, Fidel Castro me ha negado el acceso a su isla, creo que por haberle robado los puros, porque realmente yo no hice nada malo.
Atentamente, Mamarrachi Legarda. Un abrazo para mi Kay.
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Y no te podías quedar en una tumbona en la playa tomando daikiris como todo hijo de vecino??!?
Si es que… pobre Kay…