Despedida de soltero
Hoy es un mal día para una de las personas que más aprecio. Pablo, mi compañero de oficina y de tantas horas de bar, ha tomado la peor decisión de su vida: decir el si quiero.
A partir de ahora, va a ser el esclavo de una mujer, no va a tener voluntad propia, va a crear una familia y a dejar el deporte de alzamiento de vidrio. Señores, lo hemos perdido.
Desde la soltería el mundo es más bonito, divertido… Cuando te enganchas al cuello la idea de mantener un hogar, te condenas para siempre en una monotonía, una desidia y un decaer de tu status social.
Pero hay algo que compensa todo esto, amigos, y eso es el poder disfrutar de una buena despedida de soltero.
La cosa empezó con una cena en la más querida sidrería de nuestra oficina, donde el noble licor nos corría por las venas, mientras que degustábamos sanguinolentos chuletones de dos kilos. Después, nos animamos a ir a casa del desafortunado a bebernos todo su mueble bar, y a darle la sorpresita que teníamos para él.
Estábamos todos muy cocidos, y apenas nos distinguíamos, cuando llamaron al timbre. Pablo, un poco extrañado, fue a abrir la puerta, y en ese momento una rubia vestida de colegiala le saltó a los hombros. El se puso colorado de la vergüenza, pero dejo pasar a la chavala con una mirada medio reproche, medio alegría.
La chica empezó a hacer un baile sugerente, con posturas muy atrevidas, y empezó a quitarse la camisa. Era toda una belleza, que excitaba nuestras mentes, y por iniciativa de mi impulsivo cerebro, me subí yo también en la mesa para danzar con ella.
Eso la animó más, y me puso el sujetador alrededor de mi cuello mientras acercaba y retiraba su vientre bronceado. Todos los demás me coreaban con admiración.
Ella acercó sus labios a los míos y nos fundimos en un pasionario beso de tornillo, mientras sus manos acariciaban mi torso por debajo de la camisa.
En estas, al quitarse la falda, descubrí que tenia la zona muy abultada, y comprendí las risas y el entusiasmo de mis compañeros. La stripper era un stripper, un travestido, y yo le había seguido el juego. Dude en retirarme o continuar.
El caso es que ya no recuerdo lo que hice, y mis compañeros tampoco me lo quieren decir. Francamente, cuando estaba en el banco de la iglesia, note que me dolía bastante el trasero…
Atentamente, Mamarrachi Legarda. Un abrazo para Laura.
Vitoria, de julio de 2007
Un garrafón de anís del mono.
7 comentarios
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Bueno… tengo un amigo que hizo lo mismo en Mallorca dentro de su coche… y cuando se dió cuenta salió por piernas… según me comentaba luego en el hotel (habíamos ido un grupo de excursión), realmente era tan guapo/a dulce… que pondría la mano en el fuego a que era mujer. Por lo visto no se fijó en la nuez, porque llevaba un cuello vuelto.
Ay, ay, ay… hombres. Lo del trasero… me dice mi amigo gay, que va muy bien la leche (de vaca) caliente.
Un beso.
¡Muy fuerte! Jejejejeje.
eeppaa…y fue de verdad?…anda pal carajo…jajajja
bueno lei de vida, someday you will do the same
jajajaja, que fuerte., no he parado de reirme….
Es muy fuerte encontrarse en esa situacion… muy buen relato, creo que me veras mas a menudo por aca
Olleme que risa mi hermanooo jajja-
Ouchhhh… Asi que Rajoy no fue el primero que desfloro tu trasero…. Es que te metes y te meten cada una, amigo…. De todas maneras, no le cuentes esto a Kay…