Sobre la barra del bar

El pasado sábado hice una de las cosas más vergonzosas de mi vida. Los que me leéis ya sabéis las cosas tan degradantes que me suceden. Bien, pues esta supera al resto con creces.

Para contarlo, mejor es comenzar desde el principio de la noche. Ese día había quedado con unos amigos de Bilbao que querían conocer la ruta de la fiesta. En teoría la noche se imponía como tranquila, o lo que es lo mismo, beber unos tres cubatitas y tan tranquilos. Pero como hacía tanto tiempo que no me veían, me habían traído como regalo dos botellas de beilys, de la bodega particular de uno de ellos. Huelga decir que las botellas corrieron de mano en mano.      

Total, que antes de empezar la noche yo ya tenia por lo menos tres cuartos de botella en el cuerpo, y sentía una extraña felicidad. Pasamos por el Ondo pasa para recoger nuestros orgasmos de mora, y luego fuimos al Arrantza, donde corrió el vodka negro con lima. Así pasamos buena noche, y estábamos bastante colocadillos.      

Ellos habían decidido marcharse a un hotel de la calle Postas para cuando cerraran los bares, pero yo les anime a que se vinieran a Maná, para presentarles algunas chicas. Estábamos todos muy cocidos, y por poco no nos dejaron entrar. Menos mal que yo en ese sitio controlo, y los porteros cedieron.      

Allí en la disco cayeron otros tres cubatas. Y siempre recuerdo que los cubatas de Mana están muy cargados. Desde ese momento me acuerdo de la noche a trozos. Pero la tragedia, la hecatombe, la recuerdo con claridad.      

Un par de chavalas a las que venia haciendo la corte desde hace dos semanas se nos acercaron, y empezaron a engatusarnos. Los bilbaínos empezaron a demostrar su hombría como buenos bilbaínos. Que si esto, que si lo otro, que si eran capaces de…      

La cosa terminó en una apuesta: que no éramos capaces de hacer un strip tease en la barra del bar. Y ya imaginareis, los machomanes de Bilbao dijeron que si, que por sus cojones, y yo, entusiasmado les seguí.      

La gente nos coreaba mientras nos arrancábamos los unos a los otros la ropa, los de seguridad meandose de risa y sin detenernos, y al final, en fila india, cada uno le bajo al de adelante los calzoncillos, para empezar a bailar una conga.      

Nos despertamos en el almacén, con toda la ropa tirada a un lado y la mirada de asco de uno de los porteros. Dios, que vergüenza. No se lo contéis a Laura.      

Atentamente, Mamarrachi Legarda. Un abrazo a Laura.      

Vitoria, 17 de junio de 2007      

Una botella de beilys mezclada con lagrimas de vergüenza. 

2 comentarios

  1. Comentario por NEMESIS on Junio 18, 2007 8:28 am

    ¡¡ Miedo que das, chaval !!!.

  2. Comentario por Cagafuegos on Marzo 20, 2008 8:51 pm

    De Bilbao tenian que ser, cagonllaostia… Si es que hasyta cuando venimos por Vitoria somos asi… Ahora, que un buen bilbaino no solo es grande por ser de Bilbao…

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