Preguntas absurdas, respuestas idiotas (19)

Si un hombre inteligente no pone su inteligencia al servicio de los demás, el mundo no perdería nada. Pero si un idiota como yo finge ser inteligente para responder a estas preguntas, surge la sección “Preguntas absurdas, respuestas idiotas”. Envía tu pregunta a elreflejodemamarrachi@yahoo.es y puede que me digne a contestarte.

 

- Me obligan a formar parte de un jurado popular. ¿Qué puedo hacer para vengarme? (José De Pablo, 34 años, Tarragona)

 

Pero, José, si formar parte de un jurado es una de las mejores experiencias que existen en este mundo. Yo llevo diez años intentándolo, pero los abogados siempre me rechazan, acusándome de vagabundo y alcohólico. Snif snif snif.

 

Porque siendo jurado popular tienes el derecho a aplicar esta escala de penas:

 

- Falta leve por hurto: Pena de muerte.

- Robo: Cadena perpetua.

- Robo con agravantes: Cincuenta años de cárcel.

- Agresiones de todo tipo: Cuarenta años de cárcel, reducibles a treinta por buen comportamiento.

- Estafa: Veinte años de prisión.

- Homicidio involuntario: Cinco años de prisión.

- Asesinato en segundo grado: Seis meses de trabajos sociales.

- Asesinato en primer grado: Multa de mil euros.

 

José, te animo a que hagas justicia.

 

- ¿La policía miente? (Inés Durán, 21 años, Cáceres)

 

Ya lo creo que mienten, los muy policías. ¿Te puedes creer que el otro día, estando yo de botellón con los ancianos de la residencia de San Martín, nos requisaron todo el alcohol diciendo que está prohibido beber en la calle?

 

Vale, puede que en eso tuviesen razón, pero yo les seguí y les encontré en la otra punta del barrio ventilándose todas nuestras reservas, esas mismas que me habían incautado.

 

Aunque bueno, ahora que lo pienso, se las bebían dentro del coche, y no sé yo si dentro de los coches patrulla está prohibido beber. Pero sí, querida Inés, los policías mienten más que los publicistas, pero menos que los periodistas. Queda dicho.

 

- Mi pistola engorda cada día más y más. ¿La pongo a dieta? (Tomás Álvarez, 36 años, Badajoz)

 

Vamos a ver, Tomás, aquí la culpa es tuya, que te pones a darle plomo y más plomo a la pistola y ésta pobre no hace más que tragar, llenando su cargador. Te recomendaría una buena dieta, pero el problema es que creo que puede ser demasiado duro para la pistola.

 

Si de verdad la quieres, no solo has de darle una alimentación sana. Hay balas de punta hueca que tienen menos plomo saturado. Y en cuanto al problema actual, lo que tienes que hacer es dejar que expulse sus balas. Lo mismo que cuando nosotros nos hartamos de caviar ruso, ella tiene que evacuar. Pero, ¿cómo evacua una pistola? Necesita tu ayuda.

 

Has de sacarla a la calle, quitarle el seguro y disparar contra todas las personas que te encuentres por el camino, hasta que el cargador quede completamente vacío. Pero no te ensañes con una sola persona, sino que tienes que usar un único proyectil por víctima.

 

De esa manera tu pistola eliminará todo el peso adquirido hasta ahora. Si era un cargador de 18 balas, vas a hacer felices a muchos directores de funerarias, y seguro que a más de una familia le alegras la vida. Si es que en el fondo eres un buenazo, Tomás.

Tuenti

Para que luego digáis que no soy moderno. Voy a todos los conciertos de Mozart a pedirle que me firme los LP, envío misivas al rey Sol halagándole, acudo a las manifestaciones que piden el voto para las mujeres y me lo paso pipa viendo el NODO. Y como soy tan moderno, pues he sucumbido a la tentación de hacerme eso que los jóvenes llaman Tuenti.

 

Recibí la invitación para formar parte de esa secta de IBB, que al parecer es un genio con eso de las redes de pesca por Internet. Al principio tenía mis dudas, ya que tengo muchos enemigos que podrían usar Tuenti para insultarme, y cuando me di cuenta de que yo también podría insultarlos, no dudé en inscribirme.

 

Desde ese momento se me abrieron las puertas a un mundo de fantasía e ilusión. Aunque mi primera sensación fue de soledad. Solo tenía un amigo, IBB, y encima no respondía a los insultos que dejaba en su tablón.

 

Pero pronto descubrí cómo se puede buscar amigos. Lo primero que hice fue buscar la palabra BAR, y entre miles de personas encontré cientos de bares de toda España, a los que pedí insistentemente que me aceptasen como amigo. Después llegó el turno a las discotecas y a las strippers y gogos, con lo que conseguí un nutritivo grupo de amigos del alma. Hasta encontré al PSOE.

 

Se debió decorrer la voz de que yo estaba por allí, porque a la siguiente vez que entré más de seiscientas personas querían ser mis amigos. Tuve que hacer una criba en la que ganaban los escotes pronunciados y los tios/as con vasos de alcohol en la mano. Al resto los desestimé.

 

La cosa siguió así durante días, hasta que Tuenti me avisó de que había superado mi cupo de amigos. Era injusto, yo quería tener cuarenta millones de amigos. ¿Qué culpa tengo yo de tener una vida social tan agitada?

 

Pero por culpa de esos amigos empezaron a lloverme los problemas. Lo primero fue que me etiquetaban en fotos muy guarras, y claro, uno no es de pierda. El problema llegó cuando las vio mi mujer, que se cabreó tanto porque yo viese pornografía que me negó el saludo toda la tarde.

 

Después llego el tema de los eventos. Los primeros mil me parecieron graciosos, pero llegó un momento en el que me aburrí de tanto leer. Y encima me llegaron eventos del tipo: “aizzzz, que wapo eres, si enviaz ezte evento a todos tus contaztos esa persona a la que quieres te besara” o “muerte a los anti – Jonas”. Eso es el problema de aceptar a criajos de mierda, de edad comprendida entre catorce y dieciséis años.

 

Hablé de este problema con IBB, y me dijo que lo que tenía que hacer era denunciar a los que me los mandaban y creaban para que les quitasen su Tuenti. Al primero que denuncié fue a IBB, por etiquetarme en una foto de Amaia Montero, y luego fui evento por evento masacrando a los culpables.

 

Le cogí el gusto a eso de denunciar, y como además tenía tantas opciones, me lo pasé pipa acusando de insultos, pornografía, menores de edad, perfil falso… Creo que llegué a colapsar a los de Tuenti.

 

Y es que estaba tan entusiasmado con esto que busqué nombres al azar, y a los veinte primeros que me aparecían los denunciaba. Yo era feliz causando disgustos, pero claro, a toda mala acción le llega su recompens, esto, castigo.

 

Los de Tuenti, alarmados por el excesivo número de denuncias, se fijaron en mí, y me avisaron de que en 48 horas me cancelarían mi Tuenti. ¿La razón? No creían que existiese alguien llamado Mamarrachi Legarda.

 

Podía mandarles mi DNI para demostrarles que existo, pero hace unos meses lo perdí en una partida de mus. Así que me resigné a perder todo mi mundo virtual de cibervicios, y tras denunciarme a mi mismo me olvidé de Tuenti.

 

Eso sí, nada me impide hacerme de Facebook, Myspace o Hi5. Temblad, que llega Mamarrachi Legarda.

Gripe A

¡Ayyyy! Ayer tuve uno de mis peores días, incluso peor que cuando confundí el vodka con aguarrás y acabé con todos los invitados a mi fiesta de 18 cumpleaños… porque nada más salir de mi dulce camita me vi atacado por un fuerte dolor de cabeza.

 

Pensé que se trataba de una horrible resaca, la segunda que sufro (la primera fue el día del aguarrás, a ver si creíais que fue un mal día por cargarme a mis amigos) en toda mi vida. Pedí perdón a San Alcohol por lo que pudiese haber hecho para merecer semejante castigo, y fui a prepararme mi remedio anti – resacas: un cubata de absenta.

 

Pero por el camino me encontré con mi mujer recién salidita de la ducha, y se me iluminó la sonrisa. Ambos volvimos al dormitorio, y no a hacer la cama precisamente.

 

Entonces me di cuenta de lo que realmente me pasaba. Dolor de cabeza, estar muy caliente… Oh oh, puede que fuera la gripe porcina esa. Dios, sabía que no tenía que haberme ido a ordeñar cerdos.

 

Mi mujer me acompañó a urgencias, tratando de frenar mi calentamiento global con hielos, y cuando llegamos por fin y me tocó la enfermera la frente, se asustó tanto que pulsó un botón de alarma y médicos con trajes biológicos me llevaron a un rincón apartado, a hacerme pruebas.

 

Tres horas después, y tras sacarme nueve litros de sangre, vinieron a contarme qué enfermedades tenía dentro de mí. Al parecer, a la gripe A se le había sumado la gripe normal, el tifus, gonorrea y el ébola. No tenían ni idea de cómo lo había logrado, y yo me maldecía por haber probado ese nuevo chupito, el H1N1.

 

Tenían tanto miedo de que les contagiase… Esa mezcla era mortal en todos los casos, salvo en el mío, ya que la ingesta de alcohol masiva a la que me someto ha creado un sistema inmunitario que debilita los virus, emborrachándolos.

 

Yo era un peligro para la salud de toda la humanidad, así que decidieron que me quedase convaleciendo una semana en mi casa. Vamos, que tendría que estar en la cama sin irme de fiesta, y lo que es peor, alejado de mi mujer.

 

¡Y un cuerno! Con esta gran enfermedad se me abría un mundo entero de posibilidades de hacer el mal y perjudicar a todo el que pudiese. Yo solito era un riesgo con patas, así que… a causar la mayor pandemia del mundo.

 

Lo primero que hice fue llamar al timbre de mi odiado vecino Txetxu, y nada más verle aparecer con el puño en alto le tosí en toda la cara. Cayó hacia atrás, mareado, lo más probable es que fuera por mi aliento, pero no se levantó. Bien, primer contagiado.

 

Después, vistas las enormes posibilidades de mis actos, bajé al campamento de peperos humillados que pululan por toda la ciudad, tosiendo más que el Colillas cuando se toma un chicle. Mis enemigos no se daban cuenta, pero yo les estaba inoculando más virus que los de las pelis porno que se baja IBB.

 

Una vez contagiada toda mi ciudad, acudí a la vecina Bilbao, ciudad a la que odio, y subiéndome a lo más alto de la ciudad tosí hasta que mis pulmones dijeron basta. El aire contaminado haría el resto, propagando mis gérmenes hasta en el último rincón de la ciudad. Ah, que maravillosa es la vendetta.

 

Ahora solo me queda ver qué dicen los periódicos de la gripe Legarda, la mayor epidemia desde que el PP nació, a ver cuantas víctimas mortales consigo embolsarme en mi ya nutrido pero selecto grupo de personas asesinadas “accidentalmente”.

 

Mientras tanto, aliviaré el dolor con absenta…

Un bebé elefante

Las empresas pueden llegar a ser muy crueles y malvadas con aquellas personas que acuden a ellas pidiendo un puesto de trabajo. Por eso me gusta ser jefe, para reírme de los aspirantes en su propia cara. Pero claro, hay veces en las que se cometen injusticias. Y luego viene la venganza.

 

No, no es que ningún aspirante furioso me haya quemado el coche (le disparé a tiempo al muy cabrón). Hoy os voy a contar la triste historia de Trompy, un bebé elefante cuya ilusión era conducir un autobús urbano de TUVISA.

 

Antes de nada, debo contaros que un bebé elefante tiende a ser veinte veces más grande que un elefante normal. A lo largo de su vida los elefantes encogen, y cuando ya son muy viejos acaban siendo vendidos como figuritas en tiendas de todo el mundo. Por tanto, Trompy era tan grande como el Athletic de Bilbao.

 

Trompy decidió emigrar de su Cuenca natal para cumplir su sueño. Pero en Vitoria se encontró con la crueldad de un malvado jefe. Si, amigos, lo habéis adivinado, no le dieron el trabajo de conductor de autobús. Y no fue por su temprana edad, sino por una razón discriminatoria: su tamaño.

 

Le vinieron con una excusa absurda, que no cabía en el asiento del conductor. Pobrecito, lo estaban llamando elefante a su propia cara. Si es que hay gente con menos tacto… Seguro que ese jefe era familiar de IBB.

 

Trompy se llevó un disgusto tremendo. Pero los de TUVISA se lo llevaron más grande aún, ya que el elefante decidió sentarse sobre el edificio de la empresa, reduciéndolo a arenilla.

 

Después, no contento con su venganza, fue por toda la ciudad engullendo todos los autobuses que encontraba a su paso. Corría por la carretera provocando un enorme terremoto. Hasta se ventiló al tranvía, pero éste, con una cruel maniobra, escapó por su culo y siguió su camino.

 

Y aquí es donde entra en escena un tal Mamarrachi Legarda, que resulta que soy yo, al que se le había averiado el coche. No sé por qué, pero se había vuelto invisible, yo no lo veía en el vado reservado donde lo había dejado. Resignado, decidí coger un autobús que me llevase a algún bar.

 

Y cuando estaba a punto de montarme en uno, Trompy lo absorbió con su trompa. Yo me caí al suelo, y estaba a punto de ser pisado por su enorme pezuña cuando recordé cómo se duerme a un bebé elefante.

 

Es una nana ancestral que se ha de cantar con dos instrumentos indispensables, que yo guardo en mis harapos por si algún día lo necesito. Y ahora era el momento. Canté a pleno pulmón.

 

PARA DORMIR, PARA DORMIR, A UN BEBÉ ELEFANTE, SE NECESITA, UN CHUPETE GIGANTE. Y UN SONAJERO, DE COCO. Y SABER CANTAR UN POCO.

 

En cuestión de segundos Trompy cayó rendido sobre los tres coches patrulla que lo perseguían. Yo aproveché su sueño para llevármelo, antes de que otro lo encontrase y se apoderara de él.

 

Trompy y yo ahora tenemos una gran amistad. Yo le doy licor de cacahuetes y él me lanza con su trompa por los aires, para ir al trabajo. He puesto unas colchonetas en la azotea y todavía no tengo ninguna lesión grave. Como mi coche no se desinvisibiliza…

 

Lo que no sé es dónde meterlo. Ahora campa por los jardines de mi barrio, pero cada vez que ve un urbano lo destroza. Estoy pensando en alquilar un hueco en las cocheras de TUVISA, son lo suficientemente espaciosas para que viva en ellas, ahora que no hay autobuses.

Quiero darme de baja

¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho yo para merecer esta desgracia? ¿Acaso no he sido siempre un borracho fiel a mi compañía de móvil? Nunca me cambié a pesar de los muchos intentos de personas como Rebecca. Entonces, ¿por qué me haces esto, Euskaltel?

 

Resulta que ayer estaba yo tan feliz presumiendo con unos amigos de ser de Euskaltel cuando me di cuenta de que mi móvil no funcionaba con esa compañía. Quedé en evidencia delante de ellos, pues al parecer mi nuevo operador es un tal Orange, que lo conocerán en su casa.

 

Yo he sido de Euskaltel desde que por el noventa y ocho me llegó a casa una oferta espectacular: un Alcatel One Touch por mil cincuenta pesetas. Fui a comprarlo con mis mil cincuenta pesetas en monedas de a uno y desde entonces él y yo hemos sido compañeros fieles, él con su tono vibrador y yo recargándolo todos los meses.

 

Y ahora me encuentro con que ya no pertenezco a mi compañía. Fui a una de sus tiendas más cabreado que el día en que no me sirvieron un cubata creyendo que yo era menor de edad. Grité a la chica de recepción que quién era ella para cambiarme de compañía, y tras conseguir que huyese llorando, me enfrenté a su jefe.

 

Éste fue amable, y me explicó que hace unos años una malvada compañía llamada Orange se fusionó con Amena, la filial de Euskaltel, y nos dieron de alta en su compañía a todos los clientes de Euskaltel. Podíamos negarnos a ello, pero entonces no nos darían el doble de recarga.

 

¿Por qué nadie me había explicado eso? Estaba tan cabreado que prendí fuego a la tienda. Y después llamé a mi nueva operadora no para que me extirpase la vesícula, sino para que me diese de baja de sus listas. Mis amenazas debieron de surtir efecto, en dos horas mi número no existía.

 

Pero claro, yo para mi vida necesito un móvil. ¿Cómo puedo si no insultar a personas que no conozco de nada, gastar bromas a los de SOS DEIAK o pedir que me manden alcohol a casa? Miré mi Alcatel, ahora inservible, y vi en el horizonte a un hombre sin pelo. Le acerté en el centro de la calva con él. Juas juas juas.

 

Después me senté frente a una estatua para conversar acerca de cuál compañía era la mejor para ahorrar y llamar sin parar, y qué móviles regalaban si te dabas de alta. La muy maleducada no me quiso responder, y yo, triste, me zambullí en un charco de mis propias lágrimas.

 

Y entonces me di cuenta de que hasta entonces mi compañía me había dado un gran servicio. Así que fui a una de sus tiendas y les expuse el problema.

 

- Vera, yo me he dado de baja de su compañía, Orange, porque pienso que son unos cabrones embusteros, pero claro, ahora tengo miedo de que las demás compañías sean más cabronas embusteras que ustedes, por lo que… ¿sería tan amable de darme de alta?

 

Pensé que se negaría, pero la chica, murmurando algo de locura irremediable, me enseñó las ofertas disponibles. Y como yo me conformo con lo más básico, me compré el más caro de todos aquellos móviles, sin saber ni siquiera la marca. Pero bueno, ya era feliz.

 

Orange estará contenta de ganar un cliente nuevo, pero mi mayor miedo es que cualquier día de esos me pasen sin yo saberlo a Euskaltel, compañía a la que odio por pasarme a esa mierda de compañía de Orange. Dios, ¿esto no es la rata que se muerde la cola?

 

(Este post es publicidad encubierta de la compañía de telefonía móvil Euskaltel, que me ha pagado una buena suma por mencionarla en mi Blog. Seguro que están orgullosos de mi trabajo).

Portada de Interviú: Dita Von Teese

Todas las fotos y portadas de Interviú en http://laslucesdeagosto.wordpress.com

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La gente que me encontró por… 49

Mucha gente se pregunta qué busca la gente en Google. Pero a mí me intriga más qué es lo que encuentran esas personas haciendo esa búsqueda. Porque día si día también decenas de personas entran en mi Blog buscando cosas inverosímiles, que no comprendo cómo llevan a mi Blog, y no puedo sino intentar corresponderles con unas pocas frases.

 

Chistes malos

 

No, en este Blog no está Carlos Lastre. Aquí se da humor de calidad, o por lo menos se intenta, pero nunca hacemos chistes malos. Somos tan geniales que o son buenos o pésimos. Y un chiste pésimo tiene mucho merito, porque uno malo lo cuenta cualquiera, pero… hay que pensar mucho para hacerlo pésimo. Casi lo mismo que le cuesta a Amaia Montero componer sus nuevas canciones.

 

Canción cruel

 

Lo sabía. Es citar a Amaia Montero y ya te viene alguien criticando sus canciones. ¿Por qué será? Pero en este caso (y en el resto también) tiene razón. Las canciones de Amaia Montero son crueles, cargadas de odio, porque es escucharlas y entrarte nauseas. Letras como “cualquier niña tonta que quiera pillar” o “siempre seréis mis cuatro ángeles”. ¿No es ser cruel con los fans?

 

Nunca he bebido

 

Tu problema es grave. Pero no desesperes, tiene solución. En todas las calles de todo el mundo hay algo llamado bar. Puede ser un pub, una taberna, o bien cafetería. No importa su nombre, sino lo que venden en su interior: alcohol. Tan solo tienes que acudir a uno de ellos y pedir una copa de absenta azul. Porque ahora que vas a beber, tienes que hacerlo a lo grande, amigo mío que solo encuentra leña.

 

Diego mato barman

 

Como pille a ese Diego… Mira que matar a un barman, el muy cabrón. Es como si yo fuese matando sacerdotes y rabinos por la calle. ¿Qué pasa, que por ser abstemio hay que cargarse a los inocentes servidores de San Alcohol? Cadena perpetua para ese miserable de Diego. No, mejor, pena de muerte. Inyección letal de café. Demostremos que en este mundo todavía hay justicia.

 

Chistes malos

 

¿Otra vez tú? Será posible… A mí me pone enfermo que me intenten acusar de algo falso. A ver, mis chistes no van por ahí empujando a ancianos a las vías del tren o arrancándoles las faldas a las monjitas. Yo he educado muy bien a mis chistes, los he llevado al colegio de pago de Buenafuente, así que es imposible que sean unos gamberros, unos agitadores, en definitiva, malos.

 

Videoclip Inmortal

 

Ah, ¿pero los videoclips pueden morirse? Yo creía que eran inmortales todos. Pero ya voy entendiéndolo, solo perduran los de los grupos más importantes. Los de cantantes de segunda o tercera mueren más rápido que un rockero de sobredosis o los Jonas Brothers a base de tomatazos. Y ahora es cuando me entra una duda: ¿Los videoclips de Amaia Montero tienen fecha de caducidad? Espero que si.

 

Vinos Legarda

 

Has llegado al lugar ideal. El creador de este Blog, yo, vende a través de Factoría Legarda el vino de alto standing “Marqués de Legarda” y el joven chileno Riojanson. Puedes hacer tu pedido, por barriles, botellas, garrafas o bolsas intravenosas. Que sepas que has elegido bien, pequeño borracho. Los hígados de todo el país alivian sus penas con vinos de la casa Legarda.

He perdido la cabeza…

Snif snif snif. No lo había pasado tan mal desde que me partí el culo… ¿Por qué me pasan estas cosas? Debo de estar pasando por una mala racha de esas en las que tu mujer te deja por el lechero, porque voy de bar en peor, y creo que esto no tiene remedio.

 

Ayer era Hallowen, y yo como fiel borracho afín a siniestras tradiciones me había apuntado a la idea de asustar al personal, con la iniciativa de provocar más de cincuenta infartos por hora. Además, como este año los obispos se han puesto en contra de la festividad, pues estaba más motivado que cuando me tomo tres cachis de absenta.

 

Pero, ¿cómo asustar de forma efectiva a las personas? Ya con un ¡BU! no basta para hacerles caer rendidos, ni siquiera no habiéndote peinado. Después de años de experiencia ya están curados de espanto y ni apuntándoles con un rifle de asalto se cagan vivos.

 

De repente me acordé de una escena que había visto en una película, o quizás fue en la calle, en la que un hombre decapitaba a otro, y la cabeza, una vez separada del cuerpo, seguía llamándolo cabrón. ¿Podría hacer yo lo mismo pero con mi cabeza?

 

Antes de nada lo consulté con un especialista, ya que creo que si te cortas la cabeza ya no te la puedes volver a poner. No quería correr riesgos, y fui a casa de mi carnicero para preguntarle por el caso.

 

Resulta que si te tomas orina de burro con leche de rata puedes arrancarte miembros de tu cuerpo sin problema, ya que después, usando pegamento Loctite puedes volver a ponértela en su sitio. De esa manera yo podía arrancarme la cabeza y hacer efectivo mi siniestro plan.

 

El primer lugar donde fui fue la residencia de monjitas de mi barrio. Les pedí por caridad un vaso de tinto, y me levaron a una sala donde todas ellas me preguntaron por mi vida, sin duda creyéndome un vagabundo inofensivo.

 

En ese momento me agarré las rastas y separé mi cabeza del cuerpo. Con ella en la mano, empecé a cantar la Marsellesa, mientras que bailaba sin mucha coordinación. Dios, que gozada. Era incluso mejor que sacar la lengua a los policías.

 

En cuanto comprobé que todas ellas habían huido hasta la capilla, corrí a buscar nuevas víctimas. Fui de portal en portal causando estragos, haciendo que tiernos infantes (si, les mordí, ¿pasa algo?) acumularan suficientes traumas infantiles como para alimentar a tres generaciones de psiquiatras, que personas ya maduras se cayesen al suelo como los guindos de los árboles, y que varios jóvenes se grabasen con el móvil conmigo para subirlo al yutufe ese.

 

Estaba frente a la última casa en la que pensaba hacer el truco, y cuando la pareja de ancianos me abrió yo me eché mano a la cabeza. Pero mi cabeza no estaba allí, casualidades de la vida. La debía haber perdido por algún lugar mientras asustaba a toda la cuidad.

 

Había recorrido tantos sitios… A saber dónde podía estar. Pero eso no era lo peor, ya que sin ojos me era muy difícil encontrar mi coco bongo. Aunque, si se trataba de mi cabeza, es muy fácil adivinar dónde puede estar: en un bar.

 

Tampoco se vive mal sin cabeza, así no tengo que pensar, pero la gente huye de mí en cuanto me ve, y no puedo beberme las copas porque no tengo boca. Queridos lectores, voy a poner precio a mi cabeza. Si la encontráis por casualidad, por favor, no la uséis para jugar al fútbol o para practicar técnicas de maquillaje. Devolvédmela y os satisfaceré en todos vuestros perversos deseos.

 

Ya no me volveré a reír cuando me entere que alguien ha perdido la cabeza, porque no es una experiencia agradable. Menos mal que tengo un ojo en el culo, que si no…

Villa Pereza

Ya sabéis que soy un caradura que se cuela en todas las fiestas y saraos que puede. Algunos organizadores me llaman gorrón y me echan, pero otros muchos me invitan a ser el VIP porque llego a animar hasta un entierro.

 

Hace tiempo decidí dedicarme al gorroneo profesionalmente, si, cobrando, y no leches precisamente. Fueron buenos tiempos en los que recorría toda España de fiesta en fiesta. Un día podía estar a las doce en Vitoria en una fiesta de la cerveza y a las dos en Cádiz inaugurando una discoteca. No me preguntéis cómo, yo tampoco lo sé.

 

Yo ya me creía el que parte el bacalao, y la cosa se me subió a la cabeza. Y mucho. Empecé a pedir precios exorbitantes por mi presencia, como barra libre no de garrafón o derecho de pernada. Y me cortaron el grifo del alcohol gratis.

 

Desde entonces el Colillas solo me ha conseguido ser el telonero de Amaia Montero, y ella me despidió porque la gente se divertía más conmigo. Imaginaros mi cara de tristeza. Hasta me dio por darme a la ingesta masiva de agua. La cosa era muy grave.

 

Y de repente me entero hace unos días que están a punto de inaugurar Villa Pereza, un lugar de ensueño para los que tienen mucho sueño. Un lugar paradisíaco en forma de parque temático dedicado a la vagancia, al ganduleo y al escaqueo.

 

Lo peor no es que no me avisasen para ir a montar en las camas de choque o en los colchones rusos, sino que no contaron con mi presencia para la inauguración. Por dios, si buscas vago en el diccionario y aparece mi foto dormido.

 

Al parecer habían contratado a dos cantantes de algo que puede ser musical llamado Pereza. ¿Qué tenían ellos que yo no tuviese? Ah, si, un contrato y pases vips. El mundo es tan injusto…

 

Pero yo soy Mamarrachi Legarda, cojones, y a mí no se me hace un desplante como ese y se quedan impunes. Se iban a enterar los dueños de ese complejo de lo que es una venganza legardiana.

 

Lo más útil para combatir la pereza es el trabajo. Y precisamente trabajo es lo que falta en este país, por culpa de una tal crisis que se divierte diciendo eso de “a la puta calle”. Leyendo los periódicos, me enteré que había casi cuatro millones de personas sin trabajo. Bien, ya tenía ejercito malvado.

 

Pero claro, ¿cómo llevarlos hasta allí por su propia voluntad? No podía ir uno por uno pidiéndoselo educadamente. Y entonces estrujé la esponja que tengo por cerebro y, ¡tachan!, encontré la solución.

 

Hace tres días que maté por accidente al chico que preparaba mis cubatas en la oficina. Así que tenía un puesto vacante y bien pagado, irresistible. ¿Qué me costaba ir hasta las zonas de los alrededores de Villa Pereza y sortear ese puesto de trabajo entre esos cuatro millones de parados?

 

Llené de anuncios el país, y solo puse como condición que los candidatos tendrían que estar todo el día trabajando sin parar para que yo los evaluase. Esperaba tener éxito en mi maléfico plan. Y vaya si lo tuve.

 

En cuestión de horas millones de personas hacían los oficios más diversos. Y claro, iban llegando los visitantes de Villa Pereza, y al ver a tanta gente trabajando, se asustaron tanto que salieron por patas.

 

Al día siguiente Villa Pereza cerró. No habían cumplido sus objetivos principales, con un record de cero visitas, y los que habían financiado el proyecto retiraron los fondos. Eso por no contratarme.

Comida chatarra

Todas las personas que han probado mis delicias culinarias forman parte de un selecto grupo. Se reúnen de por vida en un panteón en el cementerio de la Provenza italiana, después de ingestarse mis callos a la romana. Intuyo que les gustaron, porque se murieron con una sonrisa de oreja a oreja.

 

Desde ese día no había vuelto a cocinar, ya que una cosa es cargarte a los que pueden llegar a ser tus futuros suegros y otra muy distinta el que se muera tu compañera de cama. Su recuerdo me atormenta, osaron echar gaseosa al caro vino que había comprado para la ocasión. Igual y todo fue venganza del vino.

 

Cuando vivía solo tenía que apañármelas con latas de comida precocinada y visitas a los restaurantes de la zona. De hecho, salí con algunas mujeres solo porque estaba harto de comer fabada asturiana.

 

Pero todo cambió cuando llegó mi querida Kay a mi casa. Ella prepara unos platos de muerte (de hecho ella es la muerte), y como es tradición que a un Legarda lo conquisten o por el estomago o por el hígado, acabamos casándonos.

 

Y claro, yo tengo esa nostalgia de lo que es quemar un asado o hacer que la sopa se caiga de la cazuela. Así que hace unos días decidí entrar en la cocina no para coger una birra del frigo, sino para hacer un delicioso plato llamado mazacote.

 

La culpa de lo que pudiese suceder la tenía el o la incaut@ que se había dejado en un banco del parque un recetario de alta cocina y bajos instintos. Era un poco atípico ese manual de cocina, pues no sabía yo que a las albóndigas se les pone una salsa de curare, o que para empanar algo se usa arsénico. Pero lo firmaba un tal Tripagorda, así que seguro que estaba bueno.

 

Para que un buen plato brille con éxito se necesita un comensal amante de la buena mesa pero que controle sus impulsos con la misma en público. Mi lista de amigos con derecho a odio es reducida, por lo que todo el peso de la comida recayó en IBB, que lleva tanto tiempo sin comer comida decente que seguro que ni recuerda cómo se coge el tenedor. Ah, dichosas pizzas y kebaps…

 

Fui al Brico Depot a comprar las provisiones provisorias, concretamente cemento, masilla, pintura naranja para la salsa de zanahorias, aguarrás para el aliño, y martillos y piquetas para partirlo. Unos ingredientes muy atípicos, y más la materia prima primordial, un ladrillo. Seguro que le gusta a IBB.

 

Creo que es algún tipo de cocina innovadora de la cual no había oído hablar antes, así que me he esmerado en seguir con cuidado las recomendaciones de la receta. Cuando lo he metido todo en el horno en una palangana de esas para cemento, me he quedado satisfecho. Pero por si acaso he comprado una botella de bicarbonato con vodka.

 

Por poco se me quema el plato, menos mal que IBB me ha despertado con el sonido del timbre. He corrido a sacar el plato mientras mi perro le servía un cubata, pero a la hora de cortar con el martillo me he dado cuenta de que estaba un poco duro. Menos mal que tenía a mano la motosierra para partirlo a taquitos. Esperaba que IBB no note que no me ha quedado tierno como los ojitos de mi Kay.

 

No creo que lo haya notado, ha tenido que ir corriendo a un dentista de urgencias, porque se le han caído los dientes, digo yo que por mentir, porque me ha dicho que era la peor comida que ha probado en su vida. Espero que no le traiga nada el ratoncito Pérez.

 

A mí me ha gustado, quizás le faltaba un poco de sal pero por lo demás estaba delicioso. Eso sí, noto una cierta pesadez en mi estomago, quizás debido a la cola blanca que he usado para decorar el plato.