¡Ayyyy! Ayer tuve uno de mis peores días, incluso peor que cuando confundí el vodka con aguarrás y acabé con todos los invitados a mi fiesta de 18 cumpleaños… porque nada más salir de mi dulce camita me vi atacado por un fuerte dolor de cabeza.
Pensé que se trataba de una horrible resaca, la segunda que sufro (la primera fue el día del aguarrás, a ver si creíais que fue un mal día por cargarme a mis amigos) en toda mi vida. Pedí perdón a San Alcohol por lo que pudiese haber hecho para merecer semejante castigo, y fui a prepararme mi remedio anti – resacas: un cubata de absenta.
Pero por el camino me encontré con mi mujer recién salidita de la ducha, y se me iluminó la sonrisa. Ambos volvimos al dormitorio, y no a hacer la cama precisamente.
Entonces me di cuenta de lo que realmente me pasaba. Dolor de cabeza, estar muy caliente… Oh oh, puede que fuera la gripe porcina esa. Dios, sabía que no tenía que haberme ido a ordeñar cerdos.
Mi mujer me acompañó a urgencias, tratando de frenar mi calentamiento global con hielos, y cuando llegamos por fin y me tocó la enfermera la frente, se asustó tanto que pulsó un botón de alarma y médicos con trajes biológicos me llevaron a un rincón apartado, a hacerme pruebas.
Tres horas después, y tras sacarme nueve litros de sangre, vinieron a contarme qué enfermedades tenía dentro de mí. Al parecer, a la gripe A se le había sumado la gripe normal, el tifus, gonorrea y el ébola. No tenían ni idea de cómo lo había logrado, y yo me maldecía por haber probado ese nuevo chupito, el H1N1.
Tenían tanto miedo de que les contagiase… Esa mezcla era mortal en todos los casos, salvo en el mío, ya que la ingesta de alcohol masiva a la que me someto ha creado un sistema inmunitario que debilita los virus, emborrachándolos.
Yo era un peligro para la salud de toda la humanidad, así que decidieron que me quedase convaleciendo una semana en mi casa. Vamos, que tendría que estar en la cama sin irme de fiesta, y lo que es peor, alejado de mi mujer.
¡Y un cuerno! Con esta gran enfermedad se me abría un mundo entero de posibilidades de hacer el mal y perjudicar a todo el que pudiese. Yo solito era un riesgo con patas, así que… a causar la mayor pandemia del mundo.
Lo primero que hice fue llamar al timbre de mi odiado vecino Txetxu, y nada más verle aparecer con el puño en alto le tosí en toda la cara. Cayó hacia atrás, mareado, lo más probable es que fuera por mi aliento, pero no se levantó. Bien, primer contagiado.
Después, vistas las enormes posibilidades de mis actos, bajé al campamento de peperos humillados que pululan por toda la ciudad, tosiendo más que el Colillas cuando se toma un chicle. Mis enemigos no se daban cuenta, pero yo les estaba inoculando más virus que los de las pelis porno que se baja IBB.
Una vez contagiada toda mi ciudad, acudí a la vecina Bilbao, ciudad a la que odio, y subiéndome a lo más alto de la ciudad tosí hasta que mis pulmones dijeron basta. El aire contaminado haría el resto, propagando mis gérmenes hasta en el último rincón de la ciudad. Ah, que maravillosa es la vendetta.
Ahora solo me queda ver qué dicen los periódicos de la gripe Legarda, la mayor epidemia desde que el PP nació, a ver cuantas víctimas mortales consigo embolsarme en mi ya nutrido pero selecto grupo de personas asesinadas “accidentalmente”.
Mientras tanto, aliviaré el dolor con absenta…
Noviembre 6, 2009
Categorías: Mi vida . . Autor: Mamarrachi . Comentarios: 1 comentario